Editorial

Honorables pugilistas, vergüenza debería darles

jueves, 10 de junio de 2021 · 05:15

El ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, se fue preparado para la pelea a su interpelación de la Asamblea Legislativa. Durante la mañana concurrió al Congreso a dar línea a la bancada del MAS para la puesta en escena que se llevaría a cabo horas después y por la tarde fue acompañado por las víctimas de Sacaba y Senkata para que ejercieran presión en las puertas del Parlamento en contra de la oposición. 

El ministro también fue provisto de un discurso virulento para que, entre los opositores, no quedara títere con cabeza. Los llamó golpistas, cómplices de mafiosos, de corruptos, de narcotraficantes y una sarta de adjetivos que fueron elevando la tensión, sin dejar espacio para responder al pliego interpelatorio que versaba sobre las irregularidades en la detención de la expresidenta Jeanine Añez. 

Al inicio de su intervención, Del Castillo, a voz en cuello, fue “cantando” la lista de muertos de 2019, mostró un video de los sucesos y pidió un minuto de silencio para los caídos con un trompetista que fue llevado especialmente para la ocasión. Y, los legisladores del MAS acompañaron la sesión con gritos y carteles en los que pedían justicia para los caídos en Sacaba y Senkata durante el gobierno de Añez.

Los ánimos se caldearon a tal punto que legisladores del oficialismo y la oposición terminaron trenzados en golpes, puntapiés, puñetazos y chasqueadas, que arrojaron la humanidad de unos y otros hasta el suelo.

Claramente, los videos muestran que el senador Henry Montero, de Creemos, estaba sosteniendo una discusión con otros legisladores, pero en el marco de la verbalidad, cuando el diputado Boris Antonio Colque, del MAS, empieza a lanzarle puntapiés  y golpes. 

Luego, Montero reacciona con puñetazos contra el masista hasta que éste cae al suelo.Simultáneamente también pelearon las diputadas de Creemos y del MAS, Tatiana Áñez y María Alanoca. Ellas llegaron hasta los cabellos y, también hay videos que muestran que la que inició la refriega fue la representante del MAS.

Y, pese a que los hechos muestran que el escenario fue preparado para una pelea de grueso calibre y los videos evidencian que fueron los masistas quienes dieron los primeros golpes, el MAS desplegó una campaña de victimización, acusando al opositor Montero de haber golpeado a su correligionario “indígena” y encima “de la tercera edad”, pese a que el legislador en cuestión tiene sólo 41 años.

Pero, el MAS siempre puede superarse a sí mismo y esta vez no sólo se victimizó, sino que amenazó con procesar en la Comisión de Ética a los dos diputados de Creemos que fueron parte del pugilato.

El diputado Antonio Gabriel Colque, que ahora se victimiza, ya tiene antecedentes de violencia, pues en marzo pasado también amenazó con los puños al diputado Erwin Bazán, de Creemos. Entonces, en vez de procesar a los opositores, el MAS tendría que corregir la conducta violenta de su diputado, porque donde videos quedan, los hechos no se discuten.

El resultado de la tremenda refriega interpelatoria fue el previsible. El ministro Del Castillo salió aplaudido y aprobado, como ocurre en cada acto fiscalizador del Legislativo, donde el MAS tiene mayoría absoluta.Pero, más allá de los resultados, nadie podrá borrar la vergüenza nacional protagonizada por los legisladores. Todo lo que cuenta para la historia es que ellos están dándose de puntapiés  y puñetazos, mientras Bolivia se asfixia por la tercera ola del coronavirus.

 Desesperada, la gente hace días de fila para conseguir oxígeno, paga astronómicas cifras por medicinas, implora por una UTI para algún familiar enfermo. Cuando ya nada funciona, entonces los bolivianos ven morir a sus familiares en sus casas, en los hospitales o en las puertas de los centros de salud. Y mientras tanto, los políticos pelean por el golpe y por el fraude, pelean por el poder, por preservar su feudo, por seguir usufructuando del Estado.

Cuándo será suficiente para que el presidente Luis Arce diga hasta aquí llegamos con la confrontación, es hora de entendernos, es hora de atender la pandemia, de reactivar la economía y de dar educación a los niños. Parece que nunca será suficiente.

 

 

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