Editorial

Bolivia vuelve al redil

domingo, 27 de junio de 2021 · 05:15

Aunque a inicios de su gestión Luis Arce se mantuvo a prudente distancia de los organismos internacionales del bloque bolivariano y autodenominado progresista, su reciente visita a Venezuela, para asistir a la Cumbre de Jefes de Estado del ALBA-TCP (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos), ha demostrado que ésta no es su intención; por el contrario, el interés de su gobierno es estrechar vínculos con las organizaciones con las que coincide ideológicamente.

Más aún, a tiempo de fotografiarse con el cuestionado presidente venezolano Nicolás Maduro y adherirse a los pronunciamientos hechos por los miembros del ALBA en esta ocasión, Arce manifestó que “hoy más que nunca necesitamos levantar las banderas de la unidad de nuestra América;  en este sentido, apostamos por un ineludible reimpulso del ALBA-TCP, de la Celac y la Unasur con más fuerza”.

A pesar de que estas entidades continúan con vida, es ineludible que durante los últimos años perdieron protagonismo, precisamente por las sucesivas crisis políticas que afectaron a los países que las impulsaron a inicios del presente siglo. Sin embargo, la realización de esta cumbre en Caracas, con la asistencia de los representantes de sus países miembro, Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, Antigua y Barbuda, Dominica, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Granada, San Cristóbal y las Nieves, mostró la vigencia de los intereses y posiciones que las sustentan.

La declaratoria de la Cumbre a la que asistió el presidente Arce no sólo elogió las acciones que está llevando a cabo su gobierno para combatir la pandemia y la crisis económica, sino que destacó el retorno del orden constitucional del país, que “gracias a la conciencia y lucha de su pueblo pudo desarticular el golpe criminal y corrupto; y abrir un proceso de reconciliación nacional, basado en la justicia, la autodeterminación y la democracia (...) Nos complace, asimismo, su regreso a los legítimos foros regionales de concertación política y cooperación en pos del bienestar y el desarrollo de nuestros pueblos”.

El mismo documento destaca “con beneplácito” la celebración de las próximas elecciones regionales y municipales en Venezuela que se realizarán el 21 de noviembre, y saludó “la preparación electoral” en Nicaragua, donde Daniel Ortega busca la reelección el 7 de ese mismo mes. En ambos casos, los jefes de Estado destacaron la “solidez” de sus democracias. “Saludamos la preparación del proceso electoral en la República de Nicaragua y exigimos la no intervención en dichos asuntos que son de la exclusiva competencia del pueblo y las instituciones nicaragüenses”, dice la declaratoria.

El presidente Arce, además, pidió disculpas “por los atropellos y vulneraciones” que sufrieron las legaciones diplomáticas de Venezuela y de Cuba durante la crisis social de 2019 en el país, y agradeció el apoyo que recibió de los pueblos cubano y venezolano a “nuestra revolución democrática cultural”. Obviamente, el mandatario aprovechó el foro para insistir en la tesis de que en noviembre de 2019 hubo un golpe de Estado en Bolivia.

Bolivia asume un posicionamiento claro en sus relaciones internacionales con estas declaraciones y con el respaldo al que se adhiere el ALBA a Venezuela y Nicaragua, este último país en medio de una crisis política que ha encendido alertas en la región, incluso en gobiernos afines como Argentina y México.

Se trata manifiestamente de una determinación que pone a Bolivia en el extremo; no en la posición de apertura con todas las naciones y ni en la voluntad de relacionamiento multilateral, sino en el retorno al reducto del dogma antiimperialista y anticapitalista, que es fructífero como discurso “revolucionario”, pero muy discutible en términos de preservación de los principios democráticos.

Es inevitable e inútil discutir la oportunidad o no de estas determinaciones y decisiones geopolíticas, pero no puede menos que preocupar que el país se incline nuevamente por los extremos que lo llevan al aislamiento y a la hostilidad retórica que tan poco provecho brindan.

 

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