Editorial

La Policía y el MAS, esa tensa relación

lunes, 28 de junio de 2021 · 05:15

Después del motín policial de 2019 que, sumado a las protestas sociales, derivó en la renuncia del entonces presidente Evo Morales, la relación del gobierno de Luis Arce con la Policía no es de las mejores. Saltan a la vista las mutuas desconfianzas y las tensiones, agravadas por los procesos disciplinarios internos en contra de los participantes en el levantamiento.

En ese marco, el ministro de Gobierno, Eduardo del Castillo, promueve ante la Asamblea Legislativa la aprobación de la Ley de  Carrera de Generales y Ascensos de la Policía Boliviana, en la que, entre otras cosas, se percibe un intento equilibrista de parte del Gobierno porque, por un lado, aumenta la cantidad de generales de 10 a 20 para contentar a los altos oficiales y, por otro lado, dispone que esos 20 cargos tengan el aval del Ministro de Gobierno, es decir, establece un inédito control político sobre la institución.

La norma ha generado protestas del sector pasivo y de las esposas de policías porque, como se sabe, los uniformados activos no pueden deliberar ni manifestarse y siempre lo hacen a través de esas dos organizaciones. 

En respuesta, el ministro Del Castillo asegura que el proyecto de ley fue propuesto por los mismos policías y que lo único que hace es dar cumplimiento a la Constitución, que en su artículo 252 establece que la Policía depende del Presidente del Estado por intermedio del  Ministro de Gobierno. 

Sin embargo, la misma Constitución en su artículo 251 establece que la Policía es de mando único. Pero, con el ingreso del Ministro de Gobierno a la cúpula policial, según los críticos del proyecto, el mando único dejaría de ser tal porque, por encima del comandante, se ubicará el ministro.

El polémico proyecto de ley establece, en su artículo 32, que “los cargos previstos en el parágrafo precedente, con excepción del señalado en el inciso a) numeral 1, serán propuestos por la o el Comandante General, previa conformidad de la ministra o el ministro de Gobierno y designado por la Presidenta o el Presidente del Estado Plurinacional de Bolivia”.

El Gobierno quiere evitar que se repitan hechos como el de 2019; en otras palabras, que la institución se mantenga bajo el control del gobierno de turno y no se amotine.

En todo caso, hay que recordar que en 2019, el malestar policial comenzó debido al manoseo político de la institución, sobre todo en Cochabamba, donde el comandante de turno mandaba a la tropa a proteger a los grupos del MAS y   reprimir a los oponentes.

El proyecto de ley en cuestión, si bien fue aprobado en la Cámara de Diputados, aún no siguió el mismo curso en el Senado, por ahora, lo que podría ser un indicador de falta de consenso entre oficialistas, puesto que Juan Ramón Quintana, exministro de la Presidencia,  lanzó una arremetida contra la Asamblea indicando que ni en la dictadura de Luis García Meza se ha premiado de tal manera a la Policía.

Quintana quisiera ver a los policías que se amotinaron en la cárcel y no “premiados” con una carrera de generales, pero lo cierto es que lanzar una arremetida contra una institución armada es un asunto de alta sensibilidad y seguramente el ministro Del Castillo lo sabe y por eso en el reciente aniversario de la Policía Boliviana, se deshizo en elogios para la institución del orden, aunque no pudo regalarle la ley, como había prometido.

Pero, esta aparente armonía no es tal porque la institución llegó a su aniversario sin generales ni ascensos y con un comando interino al mando. Es más, hay policías que denuncian malos tratos, abandono y hasta extorsiones para evitar cambios de destino y, en muchos casos, se denuncia una especie de venganza por el motín de 2019.

Como se puede ver, la relación entre la Policía y el Movimiento Al Socialismo es frágil y por eso el Gobierno, que seguramente quisiera encarcelar a quienes se amotinaron en 2019 o a quienes participaron en la represión de Sacaba y Senkata, no puede hacerlo, porque la reacción podría ser muy compleja. Del Castillo juega, entonces, al equilibrista, aunque eso le cueste la furibunda crítica de su compañero Quintana.
 

 

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