Editorial

La agenda de la gente y la del Gobierno

viernes, 4 de junio de 2021 · 05:15

Bolivia está viviendo lo peor de la pandemia de Covid-19. En las últimas horas se han batido récords de muertos y de contagiados, en medio de una desesperante escasez de oxígeno, colapso de Unidades de Terapia Intensiva (UTI) y especulación de medicamentos. Por tanto, la agenda de la gente es la salud.

Pese a eso, la agenda del gobierno de Luis Arce y del Movimiento Al Socialismo (MAS), sigue siendo política. La detención en EEUU de Arturo Murillo, exministro de Gobierno,  ha dado gasolina a la retórica del “golpe de Estado”, además de una cortina de humo para tratar de tapar los estragos causados por la pandemia. 

Luego del informe del Departamento de Justicia de EEUU, queda claro que Arturo Murillo fue un corrupto y que, junto con  sus cómplices, debe pagar por sus fechorías. Listo, asunto cerrado, ahora ocupémonos de lo que verdaderamente le aflige a la gente, que es cómo conseguir oxígeno, cómo salvar a los seres queridos, cómo enterrarlos dignamente si han muerto, cómo conseguir medicamentos sin ser asaltado por los vendedores.

Después de la atención de esas urgencias, los otros temas de gran preocupación tienen que ver con la crisis económica y con las deficiencias en la educación de los niños y los jóvenes.

Entre tanto, en el país paralelo que pretende construir el oficialismo, no hay día en que las autoridades no se ocupen de perseguir a los opositores, de acusarlos de nuevos delitos, de hacer allanamientos, de presentar nuevos detenidos o de pedir que se activen tales o cuales alertas en Interpol. Se debe hacer justicia, claro que sí, pero sin perder de vista cuál es el verdadero tema que preocupa a la ciudadanía.

No obstante, esa agenda política del oficialismo no busca hacer justicia, está destinada a tomar venganza de los opositores y los movimientos ciudadanos que protagonizaron la revuelta popular de 2019 y, por supuesto, borrar el fraude electoral detectado por la OEA e imponer la retórica del “golpe de Estado”.

Si la mitad del tiempo que emplea el Gobierno para vengarse de sus enemigos fuera empleada en atender adecuadamente la pandemia, tal vez no estaríamos hablando hoy de 115 muertos diarios, ni de más de 3.500 casos de Covid-19 por cada jornada. Muchas vidas se estarían salvando si las autoridades hubieran tomado previsiones para proveer de oxígeno suficiente al país, si se hubiera elaborado una estrategia para la dotación de medicamentos, o si se hubieran montado más UTI para los pacientes. 

Las cosas también serían diferentes si se hubieran tomando en cuenta las advertencias que, desde estas páginas y desde otros ámbitos,  se hicieron sobre el ingreso de la cepa brasileña. El Gobierno hizo oídos sordos en aquellos días en los que Brasil era un foco de contagio para la región y en nuestra frontera no se tomaba ni la temperatura para el ingreso de la gente. Cuando se establecieron los controles, ya era demasiado tarde.

Y, el futuro no sería tan gris si ahora mismo el Gobierno estaría coordinando acciones con alcaldías y gobernaciones para encarar esta crisis, en vez de boicotear las medidas que tomaron las regiones. Muy diferente sería si el nivel central estaría comprometido con el uso de barbijos, con la no aglomeración de personas y con la prevención de los contagios.

Y también las cosas serían diferentes a futuro si el Viceministerio de Comunicación estaría encarando una verdadera campaña para promover la vacunación masiva, como única esperanza para vencer esta tragedia.

La desinformación sobre la vacuna, la inconsciencia de la gente sobre la bioseguridad, y la negligencia de las autoridades están condenando a Bolivia a sufrir una catástrofe sanitaria.

Morir por asuntos políticos es gravísimo, como ocurrió en Sacaba y Senkata, donde perecieron una veintena de personas. Pero, morir por negligencia de las autoridades en la pandemia también es grave y peor si cada día perdemos a más de 100 compatriotas, muchos de ellos porque no tuvieron acceso a un tubo de oxígeno, a una UTI o ni siquiera lograron llegar a un hospital. En ambos casos tiene que haber responsabilidades políticas, aunque de diferente tipo. 
 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

46
1

Otras Noticias