Editorial

Luto y carencias en la tercera ola

lunes, 7 de junio de 2021 · 05:15

El drama y el luto se han apoderado del país. Lamentablemente, a pesar de las advertencias de expertos, ni el Gobierno ni la ciudadanía cumplieron con las tareas que les correspondía para evitar lo que ahora estamos viviendo.

Nuevamente el colapso, la falta de insumos,   la orfandad y la precariedad hacen gala, y cientos de pacientes luchan por sus vidas en medio de ello, mientras el Gobierno intenta apagar incendios conforme la crisis se agrava.

Eso pasó con la provisión de oxígeno, que ha ameritado una acción de emergencia para importar las enormes cantidades requeridas en hospitales de las principales ciudades; sin embargo, hace casi un año que sabemos que la dotación de oxígeno en el país es insuficiente para una pandemia y nada se hizo al respecto.

Lo mismo puede decirse de la ciudadanía, que a pesar de las alarmas, continuó y continúa vulnerando las pocas recomendaciones que son necesarias para la prevención: evitar aglomeraciones, usar máscaras apropiadamente y mantener la higiene de manos y la distancia física. Fiestas, reuniones y todo tipo de festejos siguen llevándose a cabo en medio de unas autoridades que no atinan a controlarlas y han decidido, en casi todas las capitales del país, prohibir la venta y consumo de alcohol, y las celebraciones. 

Las vacunas se han acabado en ocho regiones del territorio nacional, y aunque el Gobierno hace gestiones y promete la llegada de nuevos lotes, la incertidumbre se apodera de la gente, mientras se advierte que el retraso en la vacunación podría dar lugar a que nuevas cepas se diseminen. Según los datos, la primera dosis de la vacuna llegó al 45% de los adultos mayores  de 60 años y a un tercio de las personas de 50 años en Bolivia. Los más jóvenes aún no han tenido acceso a ella. Esto representa aún un bajo índice global de alcance de la vacuna.

Lo preocupante de esta situación es que ni el incremento de casos ni la gravedad de esta tercera arremetida del virus ha conseguido vencer las corrientes de desinformación que han proliferado en el país, alentadas por argumentos religiosos o ideológicos, pero sobre todo no combatidas con información que incentive la vacunación, una tarea en la que, una vez más, el  Gobierno ha descuidado. 

Otro elemento que pudo influir en el bajo porcentaje de inmunización es la dispersión geográfica. En el área rural como en la poblaciones intermedias no se sabe qué porcentaje de esa población se vacunó, pero se puede concluir que falta información para contrarrestar a los antivacunas. 

En medio de esta situación y mientras se anuncia que el país se encuentra aún en escalada y que llegará al pico de esta ola en un par de semanas más, la dificultad se torna insostenible. En Cochabamba, el departamento más golpeado por la tercera ola, el Sedes prevé que la región llegue al pico de contagios a mediados de junio. El director de esa institución, Freddy Medrano, estima que se podría llegar a registrar hasta 1.500 casos por día. 

En Oruro, el gobernador Johnny Vedia alertó a la población que de continuar con cifras altas de contagios y decesos por la Covid-19 se declarará desastre sanitario. 

En Santa Cruz, después de los altos casos de contagios registrados, el municipio determinó asumir nuevas medidas. Estas restricciones tienen que ver con la prohibición de medidas alcohólicas y encapsulamiento el domingo. Son, como se puede ver, medidas  para contener lo incontenible: el crecimiento de casos. Por supuesto que las restricciones ayudan, pero el país y su gente ya no tienen interés en respetar los confinamientos y la situación económica tampoco coopera.

Por ello, lo que sí se exige y espera es una respuesta contundente de parte del Gobierno: desde una campaña activa y masiva para alentar la vacunación, hasta una gestión eficaz para proveer de vacunas a todo el país sin restricciones, pasando, especialmente, por la respuesta a los pedidos urgentes por provisión de medicamentos, oxígeno y condiciones para la atención de pacientes. Es lo mínimo que podemos hacer para acompañar la desesperación y el luto de tantos bolivianos.
 

 

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