Editorial

Ánimos belicistas

martes, 13 de julio de 2021 · 05:15

El 18 de junio, la revista Intercept publicó unos audios atribuidos al exministro de Defensa Fernando López, en los que  se escuchan conversaciones sobre planes para impedir el mandato de Luis Arce Catacora mediante una acción armada que incluiría la contratación de cientos de mercenarios extranjeros que llegarían en aviones desde Miami.

Parece el libreto de una película, pero estas cosas ocurren en la vida real.  Y también ocurre que quienes tienen esos arraigados deseos de violencia suelen manejar discursos pacifistas, de unidad, de reconciliación, de justicia… discursos de camuflaje.

Los audios de Intercept trajeron a la memoria otras expresiones con contenidos belicistas, como el anuncio que a fines de octubre de 2019 hizo el exministro de la Presidencia  Juan Ramón Quintana, en una entrevista con la agencia rusa Sputnik: “Bolivia se va a convertir en un gran campo de batalla, un Vietnam moderno”. Y, recientemente, las declaraciones que hizo ante la justicia el excomandante de la Fuerza Aérea Boliviana  Gonzalo Terceros, en las que recuerda que en noviembre de 2019 el expresidente Evo Morales le advirtió que 15.000 de sus allegados quemarían La Paz si no se autorizaba el ingreso del avión mexicano que llegaba hasta el Chapare para sacarlo del país luego de su renuncia.

“Él (Morales) me dijo de manera textual: ‘Si no me autoriza el ingreso de ese avión, usted será culpable de que los 15.000 compañeros que están bajando de El Alto a La Paz quemen la ciudad...”, se lee en su declaración.

Algunos allegados al expresidente reaparecieron en los medios para rechazar las declaraciones de Terceros y difundir la versión de que, por el contrario, Morales renunció para evitar que arda el país, entonces convulsionado por grupos que exigían su renuncia por el fraude y otros que defendían su continuidad luego de 14 años en la silla presidencial.

Esa versión podría ganar terreno en la población, pero hay algunos antecedentes que empañan ese objetivo, como el audio en el que se escucha una conversación atribuida a él, en el que habla de asfixiar a los centros urbanos con bloqueos; su anuncio (luego reculó) de que la próxima vez formará milicias armadas; sus seguidores exponiendo armas y gritando “¡ahora sí, guerra civil!” o su exministra alojando en el parqueo de su despacho un arsenal de bombas molotov para enfrentar a los “pititas”.

Demasiados hechos que pesan en contra del discurso del sacrificio por la unidad y la paz, ese que Morales y sus seguidores seguramente esperan que cale en la mayoría de los bolivianos rumbo a 2025.

Tal vez hubiese bastado que en noviembre de 2019 llame a replegarse a los sectores que tenía movilizados en las calles para esperar una nueva elección que, como finalmente ocurrió, repuso a su partido en el poder. Tal vez la paz habría pasado del discurso a los hechos y no habríamos lamentado tantas muertes.
 

 

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