Editorial

La radicalidad de Evo en la adversidad

miércoles, 21 de julio de 2021 · 05:15

Ya no es coincidencia, es más bien un patrón de conducta. La última vez que lo vimos fue en 2019, cuando se burló de las protestas que pedían su renuncia y ofreció dar clases sobre bloqueos a los “pititas”, para luego -cuando las papas quemaban- llamar a sus bases a enfrentarlos en las calles, mientras él huía dejando al país en una situación de ingobernabilidad que tuvo que ser resuelta mediante un cuestionado, pero necesario, mecanismo de estabilización.

Esta vez Evo Morales volvió a la radicalidad, esa que también caracteriza a su entorno más cercano, cuando el discurso de “golpe” comenzó a desmoronarse por la debilidad de sus propios argumentos. 

El domingo, en su programa en la radio cocalera, en la que todas las semanas es adulado por el conductor, dictó sentencia de muerte para los pedidos de reconciliación que dos días antes había hecho la Iglesia Católica, aunque con una posibilidad para otorgar su indulgencia: que se entienda que su ideología es la correcta para Bolivia (¿o sea que el resto no?).

“No comparto cuando algunos dicen que haya reconciliación. No va a haber reconciliación con fascistas, racistas, salvo que entendieran que nuestra ideología y nuestro programa está bien para Bolivia”, respondió ante una consulta sobre los llamados al apaciguamiento.

Dos días antes, el arzobispo de la Arquidiócesis de La Paz, monseñor Percy Galván, había invocado a terminar con la pelea irracional y con la revancha para comenzar a construir en unidad (en la diversidad) un mejor país para las nuevas generaciones.

“Ayer se perseguía a unos, ahora persiguen a otros y pasado serán otros. ¿Qué es eso? ¿No nos da vergüenza, hermanos? ¿Qué estamos dejando para nuestros hijos?”, reflexionó.

La respuesta del líder masista llegó en el momento en que su libreto del “golpe” comenzó a hacer aguas, lo que va en contra de su deseo de ser declarado víctima de un derrocamiento y no impulsor de un fraude electoral que generó un descontento popular que le llevó a renunciar. Radicalidad ante la adversidad.

Pero también hay radicalidad en su cambio de discurso en tan solo ocho meses y seis días. El 12 de octubre de 2020, seguro de que su partido ganaría las elecciones que se realizaron ocho días después, publicó en su cuenta en Facebook un video en el que pronuncia un mensaje que incluso pudo haber inspirado el pedido que el sábado rechazó con tanta intransigencia.

“Invito a todos los bolivianos a la reconciliación. Estoy seguro de que la división de nuestro país fue la más grave consecuencia de la tragedia política que estamos enfrentando desde noviembre de 2019 y será el primer gran desafío del nuevo gobierno. Estoy comprometido para ayudar en esa reconciliación. Debemos dejar de lado las diferencias y los intereses sectoriales y regionales para lograr un gran acuerdo nacional con partidos políticos, empresarios, trabajadores y Estado”, anunció.

El sábado, dijo lo que dijo en respuesta a una pregunta en un programa en vivo y en un momento político adverso, mientras que en 2020 leyó un mensaje, en un ambiente favorable para la victoria de su partido en urnas, lo que finalmente ocurrió con el 55% de respaldo. Radicalidad ante la adversidad.

Un dato que llamó la atención en las redes sociales fue que el mensaje de Evo se dio un día después de que, en su cuenta en Twitter, recordó el nacimiento de Nelson Mandela con un mensaje en que destacó su legado.

En este contexto, conviene recordar una de las frases más destacadas del líder sudafricano: “Si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces él se vuelve tu compañero”.

Este mensaje, que coincide con el espíritu del que pronunció monseñor Galván el pasado viernes, es el que debería guiar los pasos de los gobernantes, de oficialistas y opositores, y no las expresiones radicales incubadas en la desesperación, que sólo alimentan el odio y la confrontación. La reconciliación debe edificarse sobre el interés común de buscar mejores días para el país y no en un terreno endeble abonado por el odio a quienes piensan diferente.

 

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