Editorial

¿Castillo se mirará en el espejo de Bolivia?

sábado, 24 de julio de 2021 · 05:15

Después de mes y medio de haber ganado los comicios, el presidente electo de Perú, Pedro Castillo, se apresta a asumir el mandato este 28 de julio, con el reto de aplicar un modelo denominado “economía popular con mercados”, llamar a una Asamblea Constituyente y conseguir gobernabilidad política para mantenerse en el cargo, en un país en el que hubo cuatro presidentes en cuatro años.

La pregunta es en qué consiste el modelo “economía popular con mercados”. El economista Pedro Francke, asesor económico de Castillo y muy respetado en ámbitos empresariales y académicos,   dijo a BBC Mundo que en la propuesta “hay una cierta cercanía con la experiencia de Evo Morales en Bolivia, pero digo cierta, porque tenemos una propuesta nacional y cada país es distinto”. Explicó que se trata de un modelo en el que las empresas privadas tendrán libre actuación, como ha ocurrido hasta ahora, pero con un mayor componente redistributivo de parte del Estado. “Hay que redistribuir la riqueza, en particular la riqueza minera”, dijo el hombre que maneja el plan económico del futuro presidente.

En todo caso, el modelo aplicado en Bolivia no dio plena libertad a las empresas privadas y, de hecho, muchas fueron nacionalizadas, algunos empresarios tuvieron que abandonar el país o quedarse con nuevas condiciones tributarias y regulatorias.

Sin embargo, el mismo plan económico de Castillo tuvo una evolución desde la primera hasta la segunda vuelta. Cuando empezó, el mayor peso lo había definido su partido, Perú Libre, que se cataloga como marxista leninista y su principal figura es Vladimir Cerrón.

Durante la campaña de la segunda vuelta y con la finalidad de dar tranquilidad al establishment de su país, Castillo aclaró, en discursos masivos: “No somos comunistas, no somos chavistas, no somos terroristas. Somos trabajadores como cualquiera de ustedes, nos hemos encontrado en las calles y en ese marco pido tranquilidad”.

Con todo, dijo que al llegar a la Presidencia pedirá al Congreso que convoque a una Asamblea Constituyente para cambiar la Constitución Política del Estado. Lo que falta saber es si, una vez asumido el poder, Pedro Castillo mantendrá la moderación que demostró en el último tramo de la campaña o regresará a la línea discursiva previa que lo caracterizó cuando se lanzó a la arena política y que muchos consideraron radical.

De ser así, ello implicaría no sólo un acercamiento con el plan económico de Evo Morales, como lo anuncia su asesor económico, sino un posible alineamiento político con los fundamentos del denominado socialismo del siglo XXI, pese a los graves problemas políticos y económicos que golpean a Venezuela, Nicaragua y Cuba, gobernados, respectivamente, por Nicolás Maduro, Daniel Ortega y Miguel Díaz-Canel.

En todo caso, está claro que Castillo no es un típico izquierdista, de aquellos ideologizados con los viejos discursos y las lógicas marxistas, sino más bien, es un representante del peruano excluido, indígena, habitante de la sierra y pobre como la mayoría de sus conciudadanos.   Según datos oficiales, tres de cada 10 personas viven en la pobreza en Perú y, pese a que ese país vivió “un milagro económico” con altas tasas de crecimiento, fue un milagro excluyente.

Precisamente por eso, Castillo logró conectarse con las mayorías de su país y, aunque con estrecho margen, se impuso a la conservadora Keiko Fujimori en la segunda vuelta.

Perú quedó polarizado luego de sus elecciones y no será fácil para Castillo contentar a ambos bloques, porque los intereses de ambos están contrapuestos. La pregunta es si querrá gobernar para todos o si, como lo hizo en su momento Evo Morales, buscará la confrontación permanente para intentar aplastar a los contrarios, lastimando la democracia.

Sin embargo, parece que Castillo no tendrá todo a su favor,  ya que su partido sólo tiene 37 de los 130 escaños en el Congreso y ni siquiera puede garantizar que esos 37 le den su apoyo. Esta composición legislativa configura un escenario de riesgo en un país en el que el Legislativo tiene amplios poderes para destituir presidentes. Con ese escenario, tal vez a Castillo no le convenga mirarse en el espejo de Evo Morales.
 

 

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