Editorial

Perú, una película que ya vimos

sábado, 31 de julio de 2021 · 05:15

Los primeros actos simbólicos, los anuncios de gestión y hasta algunas designaciones realizadas por el presidente de Perú, Pedro Castillo, parecen escenas de una película que los bolivianos hubiéramos visto hace 15 años, cuando asumió el entonces presidente Evo Morales, llenando de esperanza a la mayoría de los bolivianos porque se iniciaba una nueva era en las relaciones de poder.

Todavía no se puede decir que lo dicho o actuado por Castillo en sus primeras horas como jefe de Estado sea bueno o malo en sí mismo, pero es inevitable recordar que el proceso boliviano comenzó así, y luego degeneró en autoritarismo, culto a su personalidad, prorroguismo y corrupción, dejando en un segundo plano y hasta perjudicando todo lo avanzado a favor de la inclusión social.

Lo que sí se puede decir es que las primeras actuaciones de Castillo no condicen con la campaña de la segunda vuelta, en la que prometió un gobierno moderado, dando tranquilidad al establishment de su país.

En lo simbólico, el flamante presidente rechazó ocupar la casa de Pizarro porque busca romper con los símbolos coloniales de su país, lució un traje al estilo de Morales con motivos andinos, reivindicó sus orígenes humildes en Chota y mostró su afinidad con el expresidente boliviano en los actos previos y posteriores a la investidura, dejando a Luis Arce en segundo plano.

En el discurso de fondo, Castillo anunció una Asamblea Constituyente para reformar la actual Carta Magna, un plan para darle un rol protagónico a las Fuerzas Armadas en el desarrollo, la participación de Petroperú en toda la cadena hidrocarburífera, y la obligación de usar los idiomas nativos en la administración pública, entre otros aspectos. Salvando diferencias de forma y de tono, son los planes que ejecutó Morales en sus primeros años de gobierno.

Pero, sin duda, la mayor polémica está en la designación de Guido Bellido como primer ministro. Al ser el hombre de confianza del cuestionado Vladimir Cerrón, un marxista leninista de la vieja guardia, hace prever que el gobierno de Castillo no será moderado ni próximo al centro como se había señalado durante la campaña. La designación de Bellido ha levantado cuestionamientos entre la propia izquierda peruana.

En Bolivia, las figuras de la izquierda más radical también tuvieron protagonismo en el gobierno de Morales, empezando por Álvaro García Linera, un exguerrillero que se convirtió en la figura clave de las tres gestiones del MAS. Y si de parecidos se trata, Castillo también nombró al exguerrillero Héctor Béjar en el cargo de Canciller de la República.

Es probable que todos estos cambios sean bien recibidos en el electorado duro de Perú Libre, pero aquellos que sufragaron por Castillo con el único objetivo de librarse de Keiko Fujimori,  y esperaban un gobierno más centrista, estarán preguntándose si hicieron bien o mal. Sólo el tiempo dirá si el proceso peruano va por buen camino o, como el boliviano, termina rompiendo con sus propios ideales.
 

 

 

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