Editorial

Puentes por construir

domingo, 4 de julio de 2021 · 05:15

Cuando Eva Copa estaba en campaña anunció que uno de los propósitos de su gestión sería recuperar la vocación productiva de El Alto y que las inversiones retornen a ese municipio. Habló específicamente de dar condiciones a los empresarios que quieran invertir en su ciudad e incluso de ventajas especiales para estimular aquello.

Ya como alcaldesa electa se la vio visitar Santa Cruz y reunirse con esos empresarios, además de sus colegas munícipes. Una foto con Johnny Fernández, el recientemente electo alcalde cruceño intercambiando regalos, fue señal de que Copa tomó en serio sus declaraciones electorales.

Escoltada por la bandera boliviana, la cruceña y la wiphala,  en sus reuniones con las principales organizaciones empresariales cruceñas, la alcaldesa indicó que su meta es lograr un “lazo público-privado” para generar empleos directos e indirectos en la urbe alteña, además de conseguir la reactivación y estabilidad económica de la urbe. Mencionó que es importante avanzar sobre temas como seguridad jurídica y la desburocratización de trámites. Subrayó  la importancia de construir un “campo industrial estratégico”, además de un campo ferial. 

Pocas semanas después, se dio otro inusual encuentro. A 3.854 metros de altitud, en Achacachi, un grupo de empresarios cruceños de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) lucieron los tradicionales ponchos rojos y lluch’us andinos  y junto con ellos, el rector del Instituto Tecnológico Jach’a Omasuyos (ITJO), Guillermo Villavicencio, y autoridades achacacheñas estrenaron, por su parte, sombreros de saó del oriente. Tras esa imagen, se firmó un acuerdo interinstitucional que permitirá que en febrero de 2022, los 30 primeros estudiantes hagan pasantías en empresas de Santa Cruz.

El convenio tiene una duración de cinco años y permitirá que jóvenes egresados del instituto tecnológico puedan hacer pasantías en entidades que forman parte de la CAO, el motor agropecuario del oriente del país. 

Aunque días después el comité ejecutivo de los Ponchos Rojos de la provincia Omasuyos exigió la renuncia del rector del Instituto Tecnológico Jach’a Omasuyos, Guillermo Villavicencio, por la suscripción del  convenio con la CAO, la imagen, el gesto y el propósito ya habían trascendido y dado un ejemplo de acercamiento, convivencia e integración que no pasaron desapercibidos.

Se dice que los discursos, las ofertas y hasta los principios sólo adquieren valor cuando se convierten en ejemplo, en acciones. En un momento de tensión polarizadora en que todo parece conducir al enfrentamiento antes que el encuentro; en medio de retóricas que llaman a la unidad pero practican lo contrario, estas muestras son muy significativas.

Más allá de las palabras y enunciados, en ambos casos se trata de sumar beneficios a las partes a través de la integración. En el fondo, ese es el fin último de la unidad: que ganen todos, que no pierda nadie.

Es interesante que El Alto busque beneficiarse con inversiones, muchas de las cuales escaparon y buscaron nuevos destinos ante los conflictos. Por encima de posiciones ideológicas, eso le conviene al ciudadano alteño y, por supuesto, también al empresario oriental, que deja de ver a El Alto como espacio el riesgo y animadversión.

Lo propio podría decirse del convenio entre la CAO y los achacacheños, conocidos como un núcleo duro y agresivo que se opone al empresariado, especialmente al cruceño. ¿Qué mejor que los jóvenes de ese municipio tengan mejores oportunidades de educación y desarrollo superando los dogmas que los estancan en algo que probablemente no sea su proyecto de vida?

Estas son las expresiones prácticas, concretas, lejos de los discursos encendidos y vacíos que ensalzan los proyectos políticos, que necesitamos los bolivianos para avanzar. No necesitamos pensar todos de la misma forma, ni perder nuestra identidad de uno u  otro lado para conducirnos en una senda de convivencia, respeto, no discriminación y desarrollo mutuo. Soñar no cuesta nada, pero estos ejemplos dan aliento.
 

 

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