Editorial

Desenfreno insensato y Covid-19

martes, 17 de agosto de 2021 · 05:15

Si bien el país vive una desescalada de la tercera ola de Covid-19, la pandemia todavía no nos ha abandonado como parecen creer quienes decidieron dar rienda suelta a la diversión en estos días.

El fin de semana fue particularmente movido en diferentes ciudades de Bolivia, donde se pudo observar conciertos, fiestas populares, discotecas llenas y canchas deportivas con gran concurrencia, pese a que estas aglomeraciones podrían llevar al país directo de la tercera a la cuarta ola, tal como ocurrió de la segunda a la tercera ola de coronavirus.

En La Paz fue particularmente concurrido el Festicumbia y en El Alto, la actuación de Maroyu, en la que  se vio mucha alegría y pocas medidas de bioseguridad. La Alcaldía de La Paz anunció una multa para los organizadores del Festicumbia porque no cumplieron el compromiso de limitar el aforo del Teatro al Aire Libre al 50%, pero eso en nada remedia lo ocurrido, pues el control debería realizarse en el ingreso para no tener que lamentar futuros contagios.

El desenfreno con el que la gente está saliendo a divertirse puede ser un indicador de que el encierro ha pasado factura y ahora que la gente cree superada la crisis sanitaria quiere divertirse sin restricciones.

Lamentablemente,  el mundo  y particularmente Bolivia  todavía no han superado la pandemia. Los ritmos de vacunación son todavía lentos y, por las constantes mutaciones del virus, es probable que la humanidad tenga que convivir con el coronavirus por un buen tiempo más.

Frente a esa situación, lo mejor es mantener las medidas de bioseguridad en la vida diaria: uso de barbijo, distanciamiento, uso de alcohol para desinfectarnos, además de evitar las reuniones sociales con altas concentraciones de gente.

Autoridades sanitarias de diferentes departamentos dijeron que, ante este comportamiento descontrolado, es probable que la cuarta ola se presente antes de lo previsto, lo cual sería lamentable porque la variante delta, que es la que está circulando ahora, es tres veces más contagiosa que la original.  Y, frente al avance de la vacunación en la población adulta, esta variante está atacando a los niños y jóvenes.

La pandemia ya ha causado mucho dolor. Según cifras oficiales murieron más de 18.000  personas en Bolivia, aunque un estudio independiente de la UPB indica que los fallecidos por encima del promedio normal son 44.000 en 16 meses. Si no queremos seguir perdiendo familiares, amigos  o si no queremos poner en riesgo nuestra propia vida, entonces deberíamos mantener la mesura para evitar la cuarta ola en el país.

Las autoridades también deberían tomarse su trabajo de control más en serio. Frente a la inacción de la Policía, por disposición del gobierno de Luis Arce, los alcaldes deberían aplicar controles en vez de salir a bailar con los inconscientes como ocurrió en El Alto el 16 de julio.

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