Editorial

La ciudad incendiada

viernes, 27 de agosto de 2021 · 05:14

Tan naturalizado está el humo del fuego que rodea a Santa Cruz en estos meses, que la gente habla de “época de incendios”, como si se tratase de una estación del año.  Es verdad que los chaqueos no son un fenómeno reciente, más bien una tradición que, a pesar de los daños que ocasiona al medioambiente, se ha hecho parte de la faena agrícola,  pues prepara la tierra para nuevas siembras. Sin embargo, con la extensión descontrolada de la frontera agrícola, los chaqueos han dejado de afectar a pequeñas porciones de territorio para extenderse infinitamente cada año llegando a abarcar municipios enteros.

Este año, cerca de 600 mil hectáreas han sido arrasadas por el fuego. Según la Gobernación de Santa Cruz, nueve municipios cruceños se mantienen en emergencia por los incendios forestales que se registran en 21 puntos en el departamento.

Lo grave del asunto es que no hay voluntad para poner freno a este desastre. Ni voluntad política ni voluntad ciudadana, y es algo que presenciamos año tras año de una manera tan reiterativa que se ha normalizado peligrosamente.

Según un reporte de la Fundación Solón, los responsables de lo que denomina un “ecocidio” son los empresarios agrícolas, pues el mayor daño no lo causan los chaqueos tradicionales sino incendios que son provocados por razones económicas.

“De acuerdo al INRA el 86% de la superficie incendiada en predios titulados corresponde a la propiedad empresarial.  (…) Sobre un total de 101.072 hectáreas tituladas incendiadas, 84.214 hectáreas corresponden a las propiedades más grandes que se denominan ‘empresariales’. En otras palabras, estos empresarios habrían quemado casi la mitad de su propiedad titulada”, menciona el informe.

Pero acá no acaba el recuento de daños. Como ya viene ocurriendo desde 2019 -el año que ardió la Chiquitania, pero que no fue el primero de los períodos en que esa región sufre similares desastres-, las áreas protegidas son las silentes víctimas de estos fenómenos.

Hace unos días, el Programa Departamental de Manejo del Fuego de la Gobernación de Santa Cruz señaló que el 40% de los focos de quema están en áreas protegidas y de uso forestal. Asimismo, del total de la superficie afectada por las llamas este año, el 62% corresponde a las áreas protegidas cruceñas.

Siete áreas protegidas: Amni San Matías, Otuquis, UCPN Valle de Tucabaca, UCPN Laguna Concepción, UCPN AMNI Valles Cruceños, Ñembi Guazu y Orquídeas del Encanto han sido afectadas. Algunas en un tercio de su territorio. Expertos señalan que a estas siete hay que incluir el Área Protegida Municipal Bajo Paraguá, que ha empezado a arder hace casi una semana. Con las lluvias que se dejan esperar en estas regiones, el fuego se acerca al Parque Noel Kempff Mercado, en cuyos alrededores aproximadamente 3.900 ha  ya se han quemado.

Un diagnóstico claro con soluciones distantes. Las multas y penalidades a los chaqueadores están siendo anunciadas; pero, como siempre, caen en saco roto porque no son representativas y reciben constantes perdonazos.

Algo hay que hacer, sin embargo, para frenar esta situación que se repite como si no hubiese un mañana; un mañana que, hay que decirlo, aparece apocalíptico para Santa Cruz y por ende para el país. La deforestación ya ocasiona desastres climáticos que se traducen en vientos, excesivo calor y otras manifestaciones. Sin embargo, como al parecer no se vinculan aún los fenómenos climatológicos con sus causas, las autoridades deben tomar medidas definitivas antes de que sea demasiado tarde. Una de ellas es -propone la Fundación Solón- paralizar los procesos de titulación y revertir la tierra titulada a los empresarios incendiarios y ecocidas.

Suena difícil, pues se sabe del poder económico que tienen estos sectores con las autoridades nacionales, departamentales y locales. Por tanto, queda la sanción moral: son y serán estos devastadores del país a quienes pediremos cuentas de los daños, no sólo a Santa Cruz y al país, sino al ecosistema del mundo, que agoniza por su ambición e indolencia.

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