Editorial

Traspié del gobierno en la OEA

sábado, 28 de agosto de 2021 · 05:15

Con su reciente interpelación, el Gobierno boliviano pretendía desacreditar al secretario general de la OEA, Luis Almagro, y, sobre todo, restarle valor y legitimidad a la auditoría electoral practicada por ese organismo a las elecciones generales de 2019. Sin embargo, lejos de conseguir apoyo para su causa, recibió un revés porque una aplastante mayoría de los embajadores del Consejo Permanente se expresó apoyando el papel de las misiones de observación electoral de la OEA, lo que se traduce en un respaldo implícito a Almagro, a la misión que halló irregularidades en los comicios de Bolivia y a la auditoría que detectó dolo en el proceso electoral en cuestión.

Solo tres países -México, Argentina y Nicaragua- se alinearon a la posición de Bolivia y apuntaron contra Almagro o denunciaron la supuesta “instrumentalización política” de la misión electoral de 2019.   En cambio, las representaciones de Venezuela, Paraguay, Brasil, Ecuador, Colombia, Guatemala, República Dominicana, Honduras, EEUU y Uruguay no cuestionaron la auditoría de la OEA y destacaron el sistema de observación electoral de ese organismo.

El gobierno ahora dice que no es correcto decir que recibió un revés en la OEA porque no hubo una votación, pero, aunque no hubo voto de por medio, los representantes diplomáticos se expresaron con libertad y contundencia.

Almagro, que es un viejo lobo de mar en la política, puso el asunto en la cancha del gobierno boliviano al plantear un proceso internacional de solución de controversias en torno al conflicto desatado por la auditoría de la OEA. No será fácil para el gobierno de Luis Arce aceptar el reto porque, luego de haber recibido media docena de reveses internacionales, no debe estar dispuesto a enfrentarse nuevamente ante un tribunal internacional independiente.

Hasta ahora, el gobierno ya recibió los reveses de la Corte IDH que estableció que la reelección indefinida no es un derecho humano; del GIEI que incluyó a Evo Morales en las violaciones de derechos humanos; de la misma OEA que ratificó sus hallazgos en la auditoría de 2019; de la Unión Europea, que aseguró que no hubo ninguna conspiración en Bolivia el 2019, además de los pedidos de diversos organismos internacionales para que se respete el debido proceso de los opositores detenidos.

Está claro que en el único lugar donde el gobierno de Luis Arce gana por goleada todas sus jugadas es en Bolivia, porque maneja los hilos de casi todos los poderes del Estado. Si creía que la interpelación a Almagro iba a terminar como las interpelaciones legislativas a sus propios ministros (en chacota sazonada con aplausos), el gobierno se equivocó. Contra su propia costumbre de ganar, tuvo que saborear otra derrota en la OEA.

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