Editorial

Saludar, hablar y cumplir la ley

lunes, 9 de agosto de 2021 · 05:15

Doce años y medio después de haber entrado en vigencia la nueva Constitución Política del Estado, que en su artículo 234 dispone el uso obligatorio de dos lenguas oficiales en el ejercicio de la función pública, el presidente de la Cámara de Diputados, Freddy Mamani, anunció su deseo de emitir un instructivo para que los legisladores puedan al menos saludar en un idioma originario antes de hacer uso de la palabra en el hemiciclo.

“Estoy pensando, para los que son actualmente parlamentarios, vamos a sacar un instructivo para poder usar la palabra, que salude por lo menos en un idioma originario. Si no saluda, no tiene la palabra. Para eso necesitamos organizarnos”, indicó el pasado martes, durante su participación en un acto sobre la Contribución de los Pueblos Indígena Originario Campesinos en la Consolidación del Estado Plurinacional. 

En teoría, ése no debería ser problema para ninguno de los 130 legisladores titulares de la Cámara Baja ni para sus suplentes;  todos ellos tendrían que  estar en la posibilidad de sostener una conversación en un idioma originario, ya que, de no hacerlo, estarían incumpliendo nada menos que la Carta Magna, además de otras leyes y decretos referidos al uso de idiomas originarios en el aparato público.

La Constitución, en el inciso 7 del artículo 234, no refiere que los funcionarios sean capaces de saludar en algún idioma originario;  dispone que para acceder al desempeño de funciones públicas se requiere, entre otros requisitos, “hablar al menos dos idiomas oficiales del país”. O sea que no deberían desempeñar funciones si no hablan alguna de las 36 lenguas indígenas reconocidas por ley, además del castellano.

La Constitución no dice saludar, dar los buenos días o buenas noches, formar oraciones o balbucear; dice “hablar” y, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua, hablar significa articular sonidos y palabras para comunicarse, “mantener una conversación (una persona) con otra u otras personas acerca de un asunto”.

Solicitar que los legisladores al menos saluden en un idioma originario para acceder al uso de la palabra es reducir la ley a una burla. Decir “good morning” no significa que uno hable inglés y tampoco un “bonjour” lo hace a uno francoparlante.

Lo que hay que admitir es que el inciso 7 del artículo 234 de la Constitución es uno de los más pisoteados por miles de funcionaros públicos y lo fue incluso por quienes impulsaron esta medida. ¿O acaso escucharon a Evo Morales o Álvaro García Linera sostener una conversación en un idioma originario? ¿El actual Presidente podrá hacerlo? No hay duda de que el Vicepresidente, sí.

El 28 de junio, Página Siete reveló que con el pago de 200 bolivianos y tres meses de clases virtuales, funcionarios públicos, asambleístas y autoridades acreditan que hablan un idioma nativo, aunque no son capaces de sostener una conversación.

De acuerdo con datos de la Escuela de Gestión Pública Plurinacional -entidad que certifica la competencia de funcionarios en idiomas oficiales- se extendieron casi 57.000 avales a trabajadores públicos, lo que abarcaría sólo al 10% del aparato estatal, que tiene más de 500 mil dependientes. Vale decir que, con alta probabilidad, el 90% incumple la disposición constitucional.

Además de la Constitución, la Ley General 269 de Derechos y Políticas Lingüísticas, promulgada el 2 de agosto de 2012, dispone que los servidores públicos bolivianos deban hablar un idioma nativo, mientras que  el parágrafo tercero del artículo 10 del Decreto Supremo 2477 reglamenta: “Las servidoras y servidores públicos deberán hablar, además del castellano, un idioma oficial de las naciones y pueblos indígena originario campesinos, de acuerdo a lo establecido en la Constitución Política del Estado”.

El anuncio de Mamani tiene que ver con la necesidad de cumplimiento de estas disposiciones legales;  incluso habló de la necesidad de “entrar con más dureza” en este asunto, pero ello ocurrirá únicamente cuando todo funcionario realmente hable un segundo idioma oficial y no cuando al ingresar a su fuente laboral salude con un “allin p’unchay”, “aski urukipan” o “lais chejra”.
 

 

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