Editorial

Mayerli y Anakin

viernes, 10 de septiembre de 2021 · 05:15

Mayerli y Anakin eran dos jóvenes paceños que fueron asesinados de la manera más cruel, al extremo de que sus cuerpos fueron desmembrados por sus victimarios, provocando una profunda consternación en el país entero.

Mayerli era una muchacha de 18 años con cierto grado de discapacidad intelectual que fue captada por Matusalén Mancilla, un asesino de 22 años que en el 2014 violó y mató al menos a una niña de cuatro años (tal vez sean dos). Siendo entonces un menor de edad, recibió una pena leve y fue internado en un hogar para menores infractores, de donde salió para cometer otro crimen.

Este caso plantea interrogantes de fondo sobre la efectividad del sistema penal boliviano, que es duro con los acusados de delitos políticos y suave con los criminales comunes, al menos con los menores de edad, aun habiendo cometido crímenes graves.

El caso de Matusalén obliga a replantear la forma de sancionar a los menores delincuentes y, sobre todo, a revisar a fondo cómo se produce la reinserción de los presos a la sociedad ante la falta de políticas al respecto.

Habría que hacer un seguimiento a otros casos de menores que salieron libres después de cumplir condenas leves para saber cuál es el porcentaje de reincidencia en la actividad delictiva. Matusalén no se rehabilitó y, en cambio, se volvió más peligroso mientras estaba recluido.

Entre tanto, Anakin era un joven de 24 años que estudiaba derecho en la Universidad Pública de El Alto y que amaba a los animales. Pereció a manos de su ex pareja, Luz Maya Peralta, y el actual novio de ésta, Álvaro Salinas, quienes, según la Policía, lo descuartizaron estando aún con vida.

En este caso, la pregunta ya no sólo es para el Estado, sino para la sociedad en su conjunto porque un crimen de esa naturaleza muestra que se está registrando un quiebre muy profundo no en una o dos familias, sino colectivamente,  porque parecemos incapaces de acompañar el desarrollo emotivo y mental de los jóvenes y no nos percatamos a tiempo de las señales peligrosas y de violencia que a diario se emiten en la casa, en las aulas  o en las calles.

De tal manera que Mayerli y Anakin son víctimas no sólo de sus asesinos, sino también de un Estado que no cumple con sus funciones y de una sociedad que está perdiendo el rumbo en la formación de las nuevas generaciones.

Claramente en el caso de Mayerli estamos ante un atroz feminicidio que engrosa la estadística de crímenes de género y que nos cuestiona también como sociedad,  porque convivimos con el machismo sin ser capaces de hacerle frente y tratar de erradicarlo de nuestras vidas.

La Policía ha cumplido con su rol de esclarecer los crímenes;  sin embargo, la idea no es seguir contando asesinatos horrendos, sino, ser capaces de evitarlos para que la lista de víctimas no siga creciendo.

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