Editorial

La mala hora del transporte paceño

miércoles, 15 de septiembre de 2021 · 05:15

Los paceños padecemos por el transporte público. Es una condición que afecta la calidad de vida de los ciudadanos invariablemente desde hace décadas. Con una ciudad enmarañada y caótica, el transportarse de forma oportuna, segura y confortable se ha vuelto en la quimera más acariciada por todos.

Por ello, se celebró con entusiasmo la aparición de nuevos servicios que ofrecían lo que otros nunca pudieron lograr: calidad, seguridad y confortabilidad. Los buses PumaKatari, los Wayna Buses alteños y las líneas de Mi Teleférico dieron una luz de esperanza.

Todos ellos –aunque aún no se ha logrado la integración de unos y otros- le dieron una nueva cara al transporte público de las ciudades de La Paz y El Alto; y a pesar de que algunas rutas y zonas todavía no estaban cubiertas por ellos, entre ambos se mejoró apreciablemente el alcance de un servicio público de calidad.

Sin embargo, la crisis, las dificultades de mantenimiento y costo de estos servicios, además de los atentados sufridos (en este caso por la quema de más de 60 buses municipales PumaKatari durante los conflictos de 2019) han ido menoscabando su funcionamiento.

En el caso de Mi Teleférico, con 10 líneas instaladas que cubren gran parte de la ciudad de La Paz y El Alto, el servicio es impecable. No sólo es eficiente, sino que constituye incluso una atracción turística y de disfrute de la ciudad. Sin embargo, el problema es su insostenibilidad económica. El año pasado, la Empresa Pública de Transporte por Cable Mi Teleférico perdió más de 300 millones de bolivianos, sus ingresos bajaron en 61,4% y el personal fue reducido.

El  gerente de Mi Teleférico, Sergio Choque, afirmó en junio que sólo cuatro de las 10 líneas de la empresa de transporte por cable son rentables y generan recursos. “Hasta el momento tenemos problemas económicos. Lo que yo he podido apreciar solamente están manteniendo el funcionamiento cuatro líneas que están en El Alto. Por ejemplo: la línea Roja, la línea Amarilla, la línea Lila (Morada) y la línea Azul”, precisó a tiempo de adelantar una reingeniería.

Uno de los problemas que reportan las autoridades de la empresa de transporte por cable es la necesidad de integrar este servicio con buses y otros que ayuden a la comodidad de los pasajeros.

Y este, el de la integración, es también el proyecto no logrado de los buses PumaKatari. El  alcalde de La Paz,  Iván Arias, anunció que los PumaKatari trabajarán de forma “coordinada” con el servicio de transporte público sindicalizado de La Paz y prometió “desburocratizar” la administración del servicio de transporte edil.

Sin embargo, lo más importante es que la frecuencia de los buses ha reducido en un 35%, según el municipio por falta de recursos para su funcionamiento. Los reclamos de los usuarios son frecuentes porque el tiempo de espera se ha alargado en las paradas, además de retirarse el servicio de la app que permitiría hacer seguimiento al lugar exacto en el que estaban los buses. La Alcaldía asegura que pronto se regularizará el servicio y que para el año pondrá en circulación nuevas líneas.

Pero no acaba acá el mal momento del transporte público paceño. El caso del Wayna Bus de la ciudad de El Alto es aún más preocupante. El servicio ha desaparecido y se ha perdido una inversión en 60 buses de 91,4 millones de bolivianos, que equivale a 13,13 millones de dólares, además del retorno al monopolio del transporte urbano por los sindicatos de transporte con todas sus consecuencias de abuso de mercado en calidad y precio. En su lugar se implementó el Bus Municipal, que ya no tiene la posibilidad de ofrecer el servicio de transporte a los ciudadanos de  El Alto.

Son malas noticias y peores esperanzas de solución. La Paz necesita mejorar, no involucionar en su servicio de transporte; encontrar soluciones al monopolio de los sindicatos para integrar sus servicios a estos otros que brindan un trato digno al pasajero. La crisis de la pandemia tiene parte de culpa, el resto le corresponde resolver a las autoridades locales.

 

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