Editorial

Otra vez el Banco Unión ante la vulnerabilidad

jueves, 2 de septiembre de 2021 · 05:15

Ya se han vuelto recurrentes las noticias referidas a desfalcos, robos o irregularidades en el estatal Banco Unión, lo que es motivo de preocupación para los usuarios y debería serlo, también, para las autoridades que tienen en sus manos la seguridad de las operaciones financieras del banco.

El caso más reciente tiene que ver con el robo de 700 mil bolivianos, utilizando una tarjeta de débito extraviada y un carnet de identidad falsificado. Pero, nada de eso hubiera sido posible sin la participación de al menos un funcionario del banco que ingresaba al sistema de clientes y proporcionaba los datos requeridos a sus cómplices.

El desfalco más sonado ocurrió a finales de 2017, cuando el funcionario Juan Pari hizo retiros por 37 millones de bolivianos de la agencia de Batallas, en La Paz, dinero que le sirvió para abrir empresas y darse una vida de lujos y diversión, la que exhibía por redes sociales sin ningún pudor. En aquella ocasión, el entonces ministro de Economía, Luis Arce, calificó el desfalco como “una cosa aislada e insignificante”.

En 2018 ocurrieron otros dos desfalcos. Uno de ellos fue ejecutado por el funcionario Julio César Rivera, en la agencia de Desaguadero, de donde extrajo 1,6 millones de bolivianos. El otro fue atribuido a Edson Bejim, que sacó 800 mil bolivianos de una agencia de Santa Cruz y, tal como hacía Pari, exhibía su aparente éxito económico por las redes sociales.

A todos ellos se suma el hecho ocurrido en los últimos días en La Paz, con una tarjeta perdida en Cochabamba. Los involucrados primero habrían sacado sumas pequeñas, como 100 bolivianos, 300 bolivianos y 2.000 bolivianos, hasta que finalmente fueron por los 733 mil bolivianos directamente a una agencia ubicada en Miraflores.

Los incluidos en este editorial son los hechos más recientes y los que llegaron a los medios de comunicación, pero es probable que otros actos irregulares nunca llegan a descubrirse o, si se descubren, no se hacen públicos.

Está claro que algo muy serio está ocurriendo en el Banco Unión, donde se manejan las cuentas estatales. Por un lado, los sistemas de seguridad de las operaciones bancarias deberían ser revisados y ajustados para evitar este tipo de desfalcos y robos, y,  por otro lado, debería ser importante la calidad ética de los funcionarios, los que deberían ser contratados mediante rigurosos procesos de selección y no únicamente por afinidades políticas.

Un desfalco o un robo en un banco estatal no se puede calificar de “cosa insignificante” porque, cada vez que ocurren estos hechos, la entidad no sólo pierde dinero, sino que pierde la confianza de sus usuarios.

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