Editorial

Brasil: un duelo
sin ganadores

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La Paz - martes, 04 de octubre de 2022 - 5:00

Aunque el expresidente Luiz Inácio Lula Da Silva obtuvo el 48,43% de los votos, frente al 43,20% del actual presidente, Jair Bolsonaro, no se puede hablar de una victoria del primero –a pesar de que Lula es el primer candidato que le gana, así sea por un estrecho margen, a un presidente en ejercicio en Brasil-. Por lo visto, será una segunda vuelta, a realizarse el 30 de octubre venidero, que definirá al nuevo mandatario de Brasil.

También han perdido las encuestas y análisis políticos, que daban como seguro ganador a Lula y al Partido de los Trabajadores (PT), incluso con una distancia abultada que llegó en su mejor momento a ser prevista en 15 puntos en agosto pasado, después de un sondeo realizado luego del primer debate entre ambos candidatos.

Aunque Bolsonaro hizo esfuerzos por incrementar los subsidios y bajar el tono a su retórica de ataque contra las autoridades electorales, a quienes acusó de estar planificando un fraude, sus insinuaciones golpistas con presunto apoyo militar fueron materia de intensa polémica. Los mensajes sobre un posible intento de desestabilización tipo Trump (o peor), abonaron el discurso de que era cuestión de vida o muerte que Lula gane en la primera vuelta.

Así se llegó a sugerir un pacto de la izquierda brasileña con el establishment para lograr el llamado “voto útil” y ganar en la primera ronda electoral sin esperar a una victoria segura en la segunda.

Pero pudo más la real y total polarización que tiene confrontado al elector brasileño. Las campañas de desinformación y de miedo de uno y otro bando alimentaron la segmentación entre los votantes, quienes llegaron incluso a enfrentarse violentamente en las calles, con un saldo de tres fallecidos.

El temor a la inestabilidad fue determinante y afectó las campañas de todos los aspirantes al cargo. Brasil ha sido uno de los países más golpeados por la pandemia del coronavirus y la recesión económica se ha dejado sentir últimamente, a pesar de algunas señales de recuperación. La inflación y los bajos salarios han sido temas de preocupación de los brasileños, quienes, sin embargo, han tenido que inclinarse por las propuestas totalmente opuestas de los dos principales postulantes.

Lula mantiene el legado de su lucha contra la pobreza, pero acarrea el lastre de las denuncias de corrupción, lavado de dinero y otros escándalos que lo llevaron incluso a la cárcel (aunque luego fue exonerado de los cargos); por su parte, Bolsonaro apuesta a la continuidad, que luce ciertos atractivos ahora que la economía empieza a repuntar. Uno busca ampliar el rol del Estado, algo que el otro planea reducir a su mínima expresión con más privatizaciones, aunque con cuantiosos subsidios.

En temas ambientales también tienen Lula y Bolsonaro grandes diferencias. Si bien no se puede decir que la administración de Lula haya sido ejemplar en el manejo de la degradación ambiental, especialmente por la deforestación, ningún periodo es igual en daños a lo sucedido durante la gestión de Jair Bolsonaro. El presidente Bolsonaro no cree en el cambio climático y ha ofrecido como toda respuesta a la pérdida masiva de bosque amazónico de su país la contratación de un número mayor de bomberos.

Entre esas dos orillas tan distantes deberán elegir cuando vuelvan a las urnas los ciudadanos brasileños. No es fácil predecir el resultado, en tanto ambos tienen amplias posibilidades de salir vencedores. Lula promete apurar nuevas alianzas y Bolsonaro, al mando de la nación, hará lo posible por capturar más votos con su mensaje ligado a Dios y la familia.

Aunque seguramente la segunda vuelta intensificará la confrontación ideológica y política, es de esperar que el aspirante elegido sepa y pueda conducir al gigante Brasil por los caminos de la prosperidad y la equidad.

También han perdido las encuestas y analistas políticos, que daban como seguro ganador a Lula y al Partido de los Trabajadores.
Uno de ellos busca am-pliar el rol del Estado, algo que el otro planea reducir a su mínima ex-presión con más privatizaciones.

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