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Combustibles: ¿qué futuro nos espera?

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La Paz - martes, 05 de julio de 2022 - 5:00

Bolivia parece ir de forma irremediable camino de convertirse en un importador neto de combustibles, como lo han advertido varios economistas en los últimos días tras conocerse que por primera vez en décadas el valor de las compras estatales de gasolina y diésel ha superado al de la exportación de gas natural a Brasil y Argentina, una realidad que obliga a preguntar si el gobierno tiene un plan para el futuro energético del país que también solucione el grave problema que plantea la millonaria subvención de los carburantes para el mercado interno.

El déficit de la balanza comercial del sector energético se ha situado en mayo en 40 millones de dólares, un punto de inflexión que se veía venir debido a la caída de la producción de gas natural y del precio de exportación y, en contraste, al incremento del parque automotor y del precio del petróleo a 120 dólares por los efectos de la invasión de Rusia a Ucrania.

El exministro de Hidrocarburos Mauricio Medinaceli recordó hace pocos días que ya en 2014 había pronosticado que el 2022 sería el año del “quiebre” en la balanza comercial por las políticas energéticas del país. Y el analista Gonzalo Chávez se preguntó en su columna “¿Si se hace realidad la pesadilla de convertirnos en un país importador de petróleo e incluso de gas?”.

El economista Raúl Velásquez ve posible que la subvención para los combustibles prevista para este año de casi 700 millones de dólares suba a la estratosférica cifra de 2.500 millones de dólares, mientras que su colega Germán Molina señaló que no solo es un tema de los precios de los carburantes, sino que “el problema central es si va a ser sostenible o no el modelo social comunitario”, que abandera con orgullo el presidente Luis Arce.

Las cuestiones tienen que ver con los temas estructurales del sector de hidrocarburos, con el horizonte energético del país, con el gigante agujero que tienen las finanzas públicas por las subvenciones, con la nacionalización, con reformas a la ley de hidrocarburos y con un nuevo escenario sostenible para la inversión extranjera, temas pendientes desde la gestión de Evo Morales que, en lugar de sincerarse con la realidad, en el último tiempo de su gobierno forzaba a las petroleras a buscar un inexistente “mar de gas”.

La complejidad económica y política del desafío de tener una nueva política energética es tal que cualquier decisión debería ser debatida ampliamente, sin exclusiones como han reclamado sectores empresariales, sacando el tema de las habituales polarizaciones a las que el propio gobierno lleva cualquier polémica, incluso a costa de repetir errores en la gestión del sector.

El déficit de la balanza comercial del sector energético se ha situado en mayo en 40 millones de dólares, un punto de inflexión...
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