Editorial

Conviasa en Bolivia

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La Paz - sábado, 18 de junio de 2022 - 5:00

El 6 de junio pasado, un avión venezolano-iraní fue retenido y luego incautado tras aterrizar en el aeropuerto de Ezeiza de Buenos Aires, con cinco iraníes y 14 venezolanos a bordo, además de una carga de autopartes que era el aparente motivo de viaje entre México y Argentina. Decimos “aparente” porque las autoridades argentinas confiscaron los pasaportes de los iraníes para indagar sobre sus supuestos nexos con el terrorismo islámico extremista.

Uno de los integrantes de la tripulación es el iraní Gholamreza Gashemi, que según el jefe del servicio de inteligencia de Paraguay, Esteban Aquinoun, está vinculado a las Fuerzas Quds, una división de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica, definida por Estados Unidos como una organización terrorista. Ése es el principal motivo de la investigación.

El avión es un Boeing 747 Dreamliner de carga, que era de la empresa iraní Mahan Air, pero que ahora pertenece a Emtrasur, una subsidiaria del Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios Aéreos (Conviasa); todas esas empresas están sancionadas por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos porque considera que son usadas para fines no democráticos.

Hasta ahí, Bolivia no tenía nada que ver con el asunto, pero esta semana terminó involucrada en el escándalo internacional porque Conviasa pretendió usar el aeropuerto de Santa Cruz como centro de operaciones y a la estatal BOA como encargada de un puente aéreo entre Buenos Aires y Bolivia.

Conviasa estaba enviando una nueva aeronave con pasajeros a Ezeiza, pero la desvió a Viru Viru por temor a que corriera la misma suerte que el avión de carga. Entonces, BOA intentó enviar un vuelo a Buenos Aires para llevar y recoger a los pasajeros de Conviasa, pero la autorización le fue negada. Ahora hay pasajeros de Conviasa varados tanto en Buenos Aires como en Santa Cruz.

Es por todos conocido el vínculo político que existe entre el gobierno de Nicolás Maduro y el de Luis Arce, y precisamente por eso la aerolínea venezolana no tiene inconvenientes en aterrizar en aeropuertos bolivianos, pese a estar sancionada a nivel internacional. No ocurre lo mismo en otros países; por ejemplo, la nave que está retenida en Buenos Aires no pudo aterrizar en Uruguay para reabastecerse de combustible precisamente por estas restricciones y tampoco puede repostar en Buenos Aires porque las empresas quieren evitar problemas con EEUU.

Las autoridades bolivianas deberían también tomar recaudos para no caer en la utilización de aeropuertos y aeronaves con fines no lícitos. Ahora conocemos una de las causas que llevan a Maduro a cultivar la buena amistad con el Gobierno boliviano. La pregunta es si Bolivia gana o pierde con esta relación.

Ahora conocemos una de las causas que llevan a Maduro a cultivar la buena amistad con el Gobierno boliviano.
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