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Cumbre de las Américas: ni fu ni fa

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La Paz - martes, 14 de junio de 2022 - 5:00

Antecedida por países excluidos y boicots, la Cumbre de las Américas fue, más que todo, espacio para algunas constataciones inevitables: 1) que la integración regional pasa por un muy mal momento; y 2) que Latinoamérica ha sido la prioridad olvidada de EEUU por muchos años, y las consecuencias son palpables.

Con la ausencia de Cuba, Nicaragua y Venezuela, por considerarlos “no democráticos” -lo que causó que los jefes de Estado de Bolivia, Honduras y México se negaran a viajar a Los Ángeles para participar- el encuentro no tuvo el brillo ni los resultados esperados.

El Presidente norteamericano intentó poner el énfasis en el valor de la democracia como el “ingrediente esencial” para el futuro del continente, y la vicepresidente Kamala Harris hizo referencia a un futuro “más próspero e inclusivo”, pero quedó claro en el evento que éste no es el mejor momento para que EEUU lidere esos propósitos.

A tiempo de lidiar con una inflación que supera el 8%, con la violencia de las armas y el terrorismo doméstico, la desigualdad económica y la migración, en los días en que se realizó la Cumbre una comisión selecta de la Cámara de Representantes celebró su primera audiencia sobre sus hallazgos en la investigación relacionada al ataque del 6 de enero de 2021 al Capitolio. Allí se discutió cómo el expresidente Donald Trump intentó cambiar ilegalmente el resultado de las elecciones para mantenerse en el poder e instó a sus partidarios a impedir que los legisladores certifiquen la victoria del ahora mandatario Joe Biden.

En otras palabras, resulta difícil en estos momentos considerar a EEUU como un ejemplo para promover la democracia en la región, pues se encuentra en una crisis interna de largo aliento.

Con todo, el Presidente norteamericano quiso hacer la diferencia con su antecesor -que decidió no realizar este tradicional encuentro de presidentes durante su mandato- y se reunió personalmente con cada uno de los dignatarios, además de escuchar, en su propia casa, sus quejas y reclamos sobre cómo se relaciona EEUU con sus vecinos y por qué no invita a todos los representantes regionales.

En resumen, dos temas se pueden señalar como conclusiones emanadas del encuentro: EEUU propuso un “acuerdo histórico” que permita profundizar la cooperación económica en la región y se enfoque en los principales generadores de crecimiento. Lo llama la Alianza para la Prosperidad Económica en las Américas. Según las declaraciones, se trata de fortalecer las cadenas de suministros para que sean más resilientes ante shocks inesperados, y promover la innovación tanto en el sector público como en el privado para que los gobiernos puedan encarar mejor sus desafíos más acuciantes. También se hizo referencia a la crisis climática y la necesidad de desarrollar ámbitos de la economía que generen empleos de calidad.

Sin embargo el punto más concreto de los acuerdos de la Cumbre de las Américas es el relacionado al tema migratorio, uno de los temas de mayor preocupación para el país anfitrión. Mientras Joe Biden afirmaba que “la migración ilegal no es aceptable y vamos a asegurar nuestras fronteras”, una caravana de 15.000 personas, una de las mayores de los últimos años, seguía rumbo a su país desde el sur de México.

Según el pacto migratorio firmado por los países asistentes, EEUU promete ampliar hasta 20.000 su cuota de refugiados de las Américas para 2023 y 2024, con especial prioridad a los procedentes de Haití; mientras que los demás países se comprometieron a facilitar vías legales para recibir a inmigrantes. Asimismo, EEUU y Canadá acogerán a más trabajadores temporales y proporcionarán vías para que las personas de los países más pobres trabajen en los más ricos.

Así, entre desencuentros y esperanzas sin mucho sustento, transcurrió la principal reunión de jefes de Estado de la región: sólo para constatar que si de construir puentes y derribar muros se trata, estamos bastante lejos.

Resulta difícil en estos momentos considerar a Estados Unidos como un ejemplo para promover la democracia en la región.
Así, entre desencuentros y esperanzas sin mucho sustento, transcurrió la principal reunión de jefes de Estado de la región.
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