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De la sartén a las brasas

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La Paz - sábado, 17 de septiembre de 2022 - 5:00

Brasil se encuentra en una encrucijada eleccionaria: volver al Partido de los Trabajadores (PT) con Lula o continuar la línea del polémico actual presidente, Jair Bolsonaro, quien pretende ser reelegido.

Recordemos que Bolsonaro ganó la elección en 2018 (asumió el 1 de enero de 2019) en el momento de peor desgaste del PT, luego de dos periodos de Lula DaSilva y uno de Dilma Roussef, que dimitió en un juicio político en 2016.

Para cuando Bolsonaro irrumpió en la escena política, el gigante país vecino se encontraba cansado de las denuncias de corrupción, la crisis económica y la falta de respuesta a las necesidades de los brasileños en las que había aterrizado el PT. A ello le siguió además una crisis política que fue difícilmente capeada por el sucesor de Dilma, Michel Temer.

El exmilitar y exparlamentario de ultraderecha, Jair Bolsonaro, despertó los sentimientos nacionalistas y proteccionistas, además que, con una postura conservadora y religiosa, se ganó la preferencia de grandes sectores de la población, quienes lo encumbraron como el nuevo
mandatario.

Pero, una gestión llena de traspiés y excesos –desde verbales hasta políticos-, con una mala performance en tiempos de pandemia –por el negacionismo del mandatario- y un crecimiento exagerado de la polarización, han llevado al Brasil a la decepción y con ello al renacimiento de las cenizas de Lula Da Silva, quien llegó a estar preso por corrupción.

Ahora, a apenas dos semanas de los comicios, el exmandatario progresista Luiz Inácio Lula da Silva se confirma como el gran favorito con el 46% de la intención de voto y una ventaja de 15 puntos sobre el actual gobernante, Jair Bolsonaro.

Según un sondeo divulgado hace unos días por el instituto demoscópico Ipec, la intención de voto en Lula subió del 44% registrado el 5 de septiembre al 46% actual, mientras que la del líder ultraderechista se mantuvo en el 31%.

Detrás de Lula y Bolsonaro se ubican el laborista Ciro Gomes, el tercer candidato más votado en 2018, cuya intención de voto bajó del 8% al 7%; y la senadora Simone Tebet, del Movimiento Democrático Brasileño (MDB), el más tradicional partido de la centroderecha en el país, que se mantuvo con el 4%.

Las tibias esperanzas de que Brasil apueste por el centro y no por el péndulo han quedado con estos pronósticos, desterradas. Si bien las tendencias pueden variar, no parece ser esperable que den lugar a un giro radical. Aunque, apostando quizás a los milagros, Bolsonaro ha optado por moderar su discurso. Hace un año declaró que “sólo Dios” podría sacarlo del poder, ahora sus declaraciones son parte de una retórica más moderada que incluso lo ha llevado a decir que, de perder estas elecciones, dejará la política.

Lo cierto es que Brasil deberá enfocarse en que las ofertas electorales se concreten más que en esperar grandes sorpresas en las elecciones del 2 de octubre.

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