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Divididos y enfrentados, sin disimulo

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La Paz - lunes, 27 de junio de 2022 - 5:00

Las ansias de Evo Morales por recuperar el poder, lo que incluye quitarse del camino a David Choquehuanca y ponerle zancadillas a Luis Arce, le está llevando a causar un grave daño a su partido, el Movimiento Al Socialismo (MAS), que podría terminar dividido definitivamente.

Evo Morales, que gobernó Bolivia durante casi 14 años, no se resigna a jubilarse políticamente, quiere ser el candidato del MAS el 2025 e, incluso, algunos analistas dicen que estaría dispuesto a promover el acortamiento del mandato de Luis Arce para recuperar la silla presidencial. A toda costa pretende evitar la consolidación de nuevos liderazgos, por eso da pelea, genera tensión y divide internamente.

El principal enemigo de Morales es, por ahora, David Choquehuanca, quien está impulsando dentro del MAS una corriente renovadora y, en ese marco, ha puesto en marcha escuelas de pensamiento político que, según sus gestores, buscan la renovación de liderazgos. Morales, por su lado, también tiene sus propias escuelas de formación política, en las que se pone énfasis en los logros y en el liderazgo de sí mismo.

Sin embargo, la disputa, que tiene como pretexto a esas escuelas, es de fondo. Los cargos internos dentro del gobierno de Luis Arce, igual que la bancada legislativa y hasta las organizaciones sociales que apoyan al MAS, ya se dividen entre radicales (evistas) y renovadores (choquehuanquistas).

En todo caso, salta a la vista que la estructura de Morales es cada vez más pequeña y que su núcleo duro se va restringiendo al Chapare. Por ejemplo, durante la fracasada elección del Defensor del Pueblo quedó demostrado que ya no controla la bancada y recientemente también se vio que el Pacto de Unidad cerró filas en torno a Luis Arce.

La confrontación es abierta y cada día sube de tono, al punto de que los evistas llaman traidor al presidente Luis Arce por no levantar el puño izquierdo en alto y acusan al Vicepresidente de estar armando su propio partido político, por lo que también lo califican de traidor. Los más recientes hechos muestran que evistas y choquehuanquistas ya se están yendo a los puños por defender a sus respectivos líderes.

Y no hay que olvidar que esta confrontación ya ha cobrado dos vidas en Tinguipaya, Potosí, donde dos personas murieron luego de que el Vicepresidente inaugurara justamente una de sus escuelas de pensamiento político. En aquella ocasión, según los dirigentes locales, los que aún defienden al expresidente Morales reaccionaron furiosos por la presencia de Choquehuanca y luego de que éste partió del lugar se trenzaron en un enfrentamiento sangriento.

Según los renovadores, en el reciente ampliado del MAS, la intención del evismo era expulsar al Vicepresidente de la estructura del MAS por supuesta traición, pero las cosas no habrían sido tan fáciles y por eso únicamente salió una llamada de atención para que haga gestión y no arme una estructura paralela.

La división es tan obvia que durante las más recientes reuniones entre Morales y Arce no estuvo presente Choquehuanca, quien prefirió armar agenda en Argentina, incluso para pasar el año nuevo aymara. En cambio, Morales se sumó al festejo de Luis Arce en Tiwanaku dando una apariencia de unidad que está lejos de ser real.

Se sabe que Choquehuanca, pese a ser una figura importante en el MAS, carece de estructura y fuerza para armar un proyecto político que le haga frente a Morales. Entonces, lo más probable es que la arremetida de Morales esté dirigida a Arce, a través del Vicepresidente. Atacar de manera directa al Presidente dejaría muy mal parado a Evo Morales porque, entonces sí, sería acusado de tramar un golpe de Estado, tal como han filtrado en un comunicado los renovadores del MAS.

Si bien Morales se niega a jubilarse de la política, será la política la que lo jubile a él, aunque el proceso puede ser doloroso no solo para el expresidente, sino para el MAS y para el país.

Salta a la vista que la estructura de Morales es cada vez
más pequeña y que su núcleo duro se va restringiendo al Chapare.
Si bien Morales se niega a jubilarse de la política, será la política la que lo jubile a él, aunque el proceso puede ser doloroso no solo para él
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