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Incendios voraces, recursos precarios

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La Paz - miércoles, 03 de agosto de 2022 - 5:00

Al menos cinco incendios de magnitud se han registrado en las principales ciudades del país en las últimas semanas. En todos ellos, el factor común fue la precariedad para combatirlos, pero también las condiciones en que se generaron.

El más grave de todos fue el registrado en el populoso mercado Mutualista de Santa Cruz. Desde el domingo por la noche y por más de 16 horas, el fuego consumió una buena parte de este centro de expendio, ubicado en una zona céntrica de esa capital. Aproximadamente 1.000 puestos de venta fueron afectados, causando pérdidas materiales a casi la misma cantidad de comerciantes.

Las causas aún no fueron determinadas, pero se presume que se podría tratar de una chispa de soldadura que llegó inicialmente al sector libros, y pasó al de zapatos y luego al de ropa. Incluso se sospecha que en el lugar, que reúne gran cantidad de quioscos y almacenes abarrotados de mercadería, existían municiones, pues los bomberos sostienen que tuvieron que replegarse ante su explosión cuando se aprestaban a combatir el fuego.

La desesperación de los dueños de los puestos, la mayoría de los cuales perdió todo lo que tenía para vender, se unió a la indignación de la ciudadanía ante la falta de recursos de los bomberos, que no contaban con suficiente equipamiento, ni siquiera agua para realizar su trabajo.

Mientras el fuego devoraba el mercado Mutualista, un depósito de telas en el Plan 3.000 también era presa de las llamas, por lo que los efectivos de Bomberos debían además repartirse entre ambos incidentes.

Ayer, otro incendio se registró en un mercado. Esta vez de Cochabamba. El sector sombreros del mercado Las Pampas ardió descontroladamente luego de que al parecer también una chispa de soldadura saltó sobre los productos.

A inicios de julio, otro incendio de magnitud se registró en una tienda de muebles y colchones, ubicada a pasos de la plazuela Cala Cala, en Cochabamba. Los daños fueron solamente materiales.

Y hace una semana en La Paz se incendió el piso 13 y la terraza del Gran Vía Mall, un edificio en construcción cerca del Nudo Vita y la avenida Manco Kápac, donde al parecer materiales inflamables causaron el fuego. Decenas de puestos apostados en la calle se vieron afectados y las pérdidas materiales fueron considerables en una edificación que además registraba varios procesos por construcción irregular, daño al patrimonio y otros. Sin embargo, los trabajos en la zona continuaron y al parecer sin ninguna fiscalización efectiva.

Son demasiados ejemplos de un riesgo que permanece latente en nuestras ciudades. Por un lado, el hacinamiento de puestos de venta y de mercadería de todo tipo en los mercados está fuera de todo control. Las autoridades son incapaces de limitar esta situación y los mercados se están convirtiendo en zonas de riesgo inminente, porque además de estas condiciones de desorden no existe ninguna medida de seguridad contra incendios: no hay espacios de ventilación, no se usan extintores y por supuesto no existe una cultura de asegurar los productos de los comerciantes, con lo que los riesgos son enormes y las posibilidades de prevención, mínimas. Un trabajo interesante para las aseguradoras sería implementar un microseguro para estos comercios, pero ante un clima de absoluta informalidad esto se ve
distante.

Por otro lado, estos incidentes dejan expuestas las limitaciones y precariedades de los servicios de bomberos de las principales ciudades. La mayoría no cuentan con las condiciones mínimas para atender una emergencia de gran magnitud y no parece haber remedio ante esta pobreza.

Es imperativo que se tomen medidas para evitar incendios y esto parte desde el ordenamiento de los mercados hasta la obligatoriedad de los comerciantes de adoptar medidas de seguridad. Si bien las autoridades son las llamadas a poner solución a estas carencias, hacer las respectivas inspecciones a centros de expendio y depósitos, los comerciantes también deben acatar las medidas de organización y prevención que no sólo protegen sus fuentes de trabajo y sus vidas, sino las de sus
clientes.

No hay espacios de ventilación, no se usan extintores y por supuesto no existe una cultura de asegurar los productos.
Estos incidentes dejan expuestas las limitaciones y precariedades de los servicios de bomberos de las principales ciudades
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