Editorial

La criminalidad
en la Policía

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La Paz - lunes, 23 de mayo de 2022 - 5:00

Nunca la Policía ha llegado a los niveles de descontrol y de compromiso con la criminalidad como los que tenemos ahora”, sentenció el exministro de Gobierno, Carlos Romero, en una reciente entrevista publicada por Página Siete. La lapidaria afirmación no es para menos, tomando en cuenta que este año jefes y oficiales de esa institución han aparecido involucrados en casos de narcotráfico, asaltos, comercialización de autos robados, extorsiones, volteos y otros delitos.

Y no es un ataque a la institución, como podría interpretar algún efectivo reacio a la autocrítica, es una realidad que ya no se puede esconder ni matizar y que no se resolverá con reformas superficiales y menos con adoctrinamiento político. Y lo peor es que mientras las cosas continúan así, los bolivianos seguiremos sin saber si nos debemos sentir protegidos o, por el contrario, debemos preocuparnos ante la presencia de un policía.

Y es que los buenos, que esperamos que sean muchos, caen en la misma bolsa verde olivo mientras los casos de policías corruptos siguen y siguen apareciendo.

El más reciente involucra al capitán Javier Alberty Uzqueda, de quien en 2009 el entonces ministro de Gobierno, Hugo Moldiz, pidió su baja por sus antecedentes de narcotráfico y extorsión. Una de las víctimas denunció que el uniformado la privó de libertad con la finalidad de extorsionarle la suma de $us 100 mil.

Esta vez Alberty es investigado por la comercialización de una camioneta que fue robada en Chile y que fue hallada en un garaje en la población de Uncía, en Potosí. Una vez más, el caso fue descubierto por el Grupo de Búsqueda de Vehículos Robados de Chile, una ONG conducida por Hugo Bustos.

A principios de mayo, este mismo investigador, acompañado de un canal de noticias chileno, encontró una vagoneta robada en su país en el garaje de la casa de un jefe policial en la ciudad de Santa Cruz, el ahora excomandante de la Policía Fronteriza de Uyuni, coronel Raúl Cabezas Pantoja. La ONG lleva tres años recuperando en Bolivia autos robados en ese país y asegura que el 80% de ellos se encontraba en manos de policías.

No es posible que la pestilente corrupción policial se huela más desde exterior que desde nuestro propio territorio. Es hora de eliminar todas, pero todas las manzanas podridas en esta institución y actuar también contra los jefes que se tapan la nariz y se hacen de la vista gorda. Eso, aunque al final queden uniformados para contar con los dedos. Esos son los que el país necesita, los otros tienen que terminar tras las rejas.

No es posible que la peste de la corrupción policial se huela más desde el exterior que desde nuestro propio territorio.
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