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La Fexpo y el país de la pujanza

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La Paz - miércoles, 28 de septiembre de 2022 - 5:00

Casi medio millón de visitantes tuvo la Feria Exposición de Santa Cruz (Fexpo) este año. Una cifra insólita que se reflejó en los diez días que duró este encuentro, que es el principal acontecimiento económico y comercial de Santa Cruz de la Sierra: las calles, avenidas, stands y atracciones de la Fexpo 2022 se vieron abarrotadas de un público ansioso de volver a la normalidad después de dos años de pandemia, pero también de aspirar un poco de la pujanza y optimismo que se respira en su interior.

Según las cifras de los organizadores, la muestra generó intenciones de negocios por $us 191,27 millones y recibió la visita de más de 21 países expositores; 945 marcas internacionales, 1.066 industrias nacionales y una extensa oferta gastronómica y de espectáculos artísticos.

Gran parte de los expositores apostaron por las experiencias de los usuarios y la tecnología; así, se vieron ciudades del futuro (como la que expuso la telefónica Viva en su relanzamiento), metaversos, o una convivencia con las habilidades culinarias de los chefs del reality show más famoso de la televisión boliviana. También hubo folklore y tradición, como se apreció en el pabellón de La Paz, uno de los más visitados, que puso en alto el nombre y sabor de la marraqueta paceña.

Pero, lo que queda de esta exhibición es, como mencionamos, el mensaje aspiracional: una Bolivia pujante que se despliega más allá de los conflictos y que se muestra imparable y optimista. En medio de un escenario político siempre sectario y confrontacional, con prácticas poco democráticas y escasa predisposición al diálogo y al consenso, este campo ferial se erige como la otra cara de la medalla. No es más que una muestra de productos y proyectos, sí, pero el mensaje es que hay otro mundo de posibilidades para el país, y hay una fuerza viva, una población que está dispuesta a aventurarse por ello.

Es lo que los cruceños llaman su modelo de desarrollo y que no es otro que el libre mercado y la libre empresa; o como dijo un analista Rolando Schrupp (parte de un grupo de intelectuales cruceños que analizan el futuro de la metrópoli): “trabajar sin que te jodan (sic)”.

Y ese autoproclamado proyecto cruceño, exitoso como se ve por los resultados en crecimiento, oportunidades y migración interna -pues es definitivamente el polo de desarrollo nacional-, va a contramano del ideario gubernamental, que es profundamente centralista y estatista.

Más allá de las preferencias y las ideologías ahí está, y no hay un punto de encuentro entre esas dos miradas de país. Tampoco lo hay (si nos remitimos a la migración que recibe sin freno Santa Cruz) entre las preferencias de la gente, de cualquier punto del territorio nacional, que claramente está optando por este territorio para emprender y mejorar sus condiciones de vida.

Con todo, estas evidencias no son suficientes para allanar los escollos del regionalismo y la política. Los mensajes a propósito de la efeméride cruceña, muestran ese lado de la moneda que se concentra en las diferencias: “Algunos se creen dueños de Santa Cruz, pero el pueblo sabe que no tiene patrones. No tengo dudas que este pueblo pujante cumple con aquello de que la Ley del Cruceño es la Hospitalidad”, remarcó el presidente Luis Arce, luego de dar un informe en el que resaltó la capacidad del pueblo cruceño para reponerse de la crisis generada por la pandemia del coronavirus, pero también en el que deslizó que las autoridades y la población cruceña no pueden o no deben sentirse autosuficientes y mucho menos autónomos.

Es un largo debate y una longeva tensión que -y ésa es otra de las lecciones que nos deja la Fexpo- va a otro ritmo que la sociedad (cruceña, boliviana, diversa y multicultural), que busca oportunidades donde éstas se le presentan y las aprecia más allá de los discursos e intenciones políticas de unos y otros.

Según las cifras de los organizadores de la Fexpo 2022, la muestra generó intenciones de negocios por $us 191,27 millones.
Más allá de las preferencias y de las ideologías ahí está, y no hay un punto de encuentro entre esas dos miradas de país.

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