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La otra subvención que recibe el MAS

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La Paz - domingo, 11 de septiembre de 2022 - 5:00

Cada que puede el jefe del MAS recuerda que en 2004 su partido decidió renunciar a la subvención del Estado para su campaña electoral, como señal de austeridad para el país. Fue una decisión arriesgada para un partido que no tenía el financiamiento que recibían otros en ese momento, pero además fue una gran inversión política, que un año después contribuyó a su histórica victoria con el 53,72% de respaldo en las urnas.

Han pasado 18 años desde aquella determinación y resulta que el MAS encontró otras vetas de financiamiento en la misma mina, que se nutre de las billeteras de todos los bolivianos que pagan sus impuestos, entre los que no se encuentran, por supuesto, los cocaleros del trópico de Cochabamba, base dura del partido beneficiario.

Rápidamente los “austeros” cayeron en cuenta que es una pérdida de tiempo esperar cada cinco años los recursos del Tribunal Supremo Electoral para financiar la campaña en los medios de comunicación, cuando pueden hacerlo el año redondo controlando directamente algunos medios y, lo mejor de todo, sin tocar las arcas del partido, sino el dinero de todos los bolivianos: masistas y no masistas.

Y para ello hay al menos dos modos. Por un lado, están los medios del Estado que, desde que Evo Morales asumió la Presidencia en 2006, pasaron a ser punta de lanza de la propaganda partidaria y hasta personal. ¿Quién no recuerda cómo Bolivia Tv transmitía a nivel nacional hasta los más insignificantes partidos de fútbol de Morales?

Todo el equipo y personal de ese medio estatal al servicio de los caprichos de un jefe de Estado que es austero sólo en el discurso. Es cierto que las cosas han cambiado, que Luis Arce no juega fútbol y que ahora el canal no está sujeto a semejantes excesos, pero la línea progubernamental y partidaria se mantiene.

Además del canal y sus repetidoras, cuyo alcance se amplió con 16 licencias de uso de frecuencia, entregadas la pasada semana por la Autoridad de Regulación y Fiscalización de Telecomunicaciones y Transporte, se encuentra la extensa red de radioemisoras y, cómo no, el periódico del Estado, que cumple igual función.

La semana pasada Página Siete reveló, con base en contratos oficiales, que la impresión de ese periódico en 18 meses costó 3,3 millones de bolivianos, vale decir Bs 187 mil al mes. Sólo la impresión, ojo, ya que sumando personal (son unos 30 funcionarios) y gastos operativos, la cifra se dispara.

La directora de Gestión Comunicacional del Viceministerio de la Presidencia aseguró a este medio que los costos se recuperan con la venta, lo que quisiera decir que a diario se venden más de 62.000 ejemplares (cada uno cuesta Bs 3) y que éste es uno de los periódicos de mayor circulación en el país. Esto es tan creíble como la austeridad que pregona el oficialismo.

Por otro lado, lector contribuyente, su billetera también nutre una red de medios que elige el Gobierno para alimentar con contratos de publicidad, entre los que estaría la masista Radio Kawsachun Coca, lo que en la semana comenzó a incomodar dentro del propio oficialismo, porque sospechan que desde esa emisora la corriente evista del MAS intenta debilitar la gestión gubernamental de Luis Arce.

“El señor Evo Morales usa este medio para destruir al Gobierno nacional, para destruir la gestión del hermano Luis Arce y David Choquehuanca”, denunció el diputado Rolando Cuéllar (MAS) tras presentar una petición de informe al Viceministerio de Comunicación. O sea que también financiaríamos la guerra interna del masismo.

Por otra parte, el propio Morales confesó durante la semana que el Gobierno llega a condicionar la entrega de esos recursos públicos para publicidad, lo que es muy grave para la libertad de expresión y, en consecuencia, para la democracia. Si a ello sumamos las estrategias de asfixia a los medios de comunicación que incomodan al poder, seguramente estamos hablando de un “plan negro”, pero no nacido en los cuarteles de Fuerzas Armadas, sino en las trincheras azules de los totalitarios.

El MAS halló otras vetas de financiamiento en la misma mina, que se nutre de las billeteras de los bolivianos que pagan impuestos.
Seguramente estamos hablando de un “plan negro”, pero no nacido en las FFAA, sino en las trincheras azules de los totalitarios.
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