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Litio: nueva estrategia con viejos problemas

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La Paz - domingo, 19 de junio de 2022 - 5:00

Cada vez que el Gobierno hace anuncios sobre el nuevo proyecto para industrializar el litio y ratifica que sueña con convertir a Bolivia en una verdadera palanca de la electromovilidad en el mundo, la sensación que deja es de incertidumbre y de un riesgo real de repetir los problemas que llevaron al fracaso millonario y los años perdidos en la estrategia precedente aplicada por el gobierno de Evo Morales y el encargado de ésta, Luis Alberto Echazú, cuyos pobres resultados son cuestionados dentro y fuera del país.

El primero de los problemas es la transparencia a medias y, en contraste, la intensa propaganda con la que se intenta mantener en la población la esperanza sobre el proyecto del litio, cuando lo realizado desde 2008 convoca al escepticismo y la desconfianza por más que se repita que ahora todo se hará de forma transparente.

En ese sentido, la transparencia que se ha propuesto el Gobierno para el nuevo proceso, debería incluir un reconocimiento de los errores del pasado, de aquello que no ha funcionado con un costo aproximado, según diversas fuentes, de entre los 700 millones y 1.000 millones de dólares del Estado, un tema que las autoridades actuales han preferido no aclarar.

Si una parte de esos fondos, prestados por el Banco Central, fue bien invertida y otra no, son temas que el Ministerio de Hidrocarburos y Energía, y Yacimientos del Litio Bolivianos (YLB) deberían tratar con claridad y no eludirlos para merecer la confianza de la población cuando en tiempo de bajos ingresos estatales se habla de nuevas millonarias inversiones en los salares sin que el país sepa si existen garantías para su funcionamiento.

Cuando también se espera que el Gobierno acelere las decisiones sobre el litio, como había prometido el mismo presidente Luis Arce en 2021 para hacer de Bolivia un actor importante en la industria mundial, el segundo problema parece ser que las autoridades del sector andan a tientas y con dudas frente al objetivo, como se ha podido ver en las últimas semanas con la selección de una empresa extranjera para la extracción directa del litio (EDL), proceso que en sí mismo -dicho sea de paso- prueba la fallida estrategia previa que buscaba hacerlo todo por nuestra cuenta con justificaciones nacionalistas incluidas.

Esta semana, el presidente de YLB, Carlos Ramos Mamani, debía anunciar los resultados finales de la evaluación a la media docena de empresas en carrera (cuatro chinas, una estadounidense y una rusa) para desarrollar la EDL y se suponía que se debía elegir una de ellas para ese trabajo, pero no ocurrió tal cosa. Es una decisión que el sector privado del litio esperaba desde abril, aunque el Gobierno asegura que cumple su agenda de trabajo.

En cambio, Ramos presentó como una novedad la exclusión de dos empresas y el hecho de que las seis compañías en carrera lograron una tasa de recuperación del litio mayor al 80% e incluso al 90%, algo que el ministro de Hidrocarburos, Franklin Molina, ya adelantó días antes.

Por las últimas declaraciones de Molina, resta evaluar las propuestas económicas de las empresas y definir si se trabaja con una de ellas o con cinco; por ejemplo, con tres en Potosí y con dos en Oruro, posibilidad que no se sabía antes.

En medio del proceso, quedará para la posteridad la acusación del diario español El País del supuesto protagonismo del hijo del presidente Luis Arce, Luis Marcelo Arce Mosqueira, en los negocios del litio, con base en una fotografía en la que aparece con ejecutivos de la empresa rusa Uranium One, una de las seleccionadas, lo que indicaría una supuesta afinidad ideológica del Gobierno boliviano, aunque él ha negado tener algo que ver con las contrataciones.

La nueva estrategia no estará exenta de polémicas conforme avance, pero precisamente por eso se necesita más transparencia y firmeza para aclarar los temas pendientes a sabiendas que el litio siempre levanta tensiones en el país.

El primero de los problemas es la transparencia a medias y, en contraste, propaganda sobre los nuevos proyectos.
Falta aclarar el gasto de entre 700 y 1.000 millones de dólares en proyectos del litio que hasta ahora no han funcionado.
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