Editorial

Mafias en Bolivia

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La Paz - jueves, 23 de junio de 2022 - 5:00

El gobierno se niega a admitir que en Bolivia existan cárteles del narcotráfico o mafias internacionales, prefiere hablar de emisarios o clanes que operan en el negocio ilícito de las drogas. Sin embargo, la creciente violencia, los ajustes de cuentas, los hallazgos de pistas clandestinas y el decomiso de cargamentos de cocaína hacen presumir que hace tiempo estas organizaciones criminales penetraron en territorio nacional.

El tiroteo en el que fueron asesinados dos policías y un voluntario policial no fue ejecutado por delincuentes comunes, sino por avezados sicarios que, según la Policía, respondían al yerno del narco Einar Lima Lobo, preso en Brasil. Los sargentos Alfonso Chávez Flores, Eustaquio Olano y el voluntario del Gacip David Candia son las víctimas de este triple asesinato, que causa dolor en filas policiales y sobre todo en las familias dolientes, con quienes nos solidarizamos.

Las circunstancias en las que se cometió el triple crimen se irán conociendo a medida que avancen las investigaciones, pero por ahora lo que queda es repudiar la delincuencia organizada que se está instalando en el país, a la par del crecimiento del narcotráfico, el robo transfronterizo de vehículos, la trata de personas y otros delitos transnacionales.

Diferentes oficinas antidrogas de Europa, EEUU y también de la región han ubicado desde hace tiempo a Bolivia como un centro de producción de droga y refugio de organizaciones criminales.

Hace poco, dos peligrosos reos de la organización criminal de Brasil, Primer Comando de la Capital (PCC), fugaron de la cárcel de Palmasola y aunque han sido recapturados, el hecho ha demostrado, entre otras cosas, que esa organización opera en Bolivia desde hace mucho tiempo, que sus integrantes son capaces de pagar fuertes sumas de dinero para recobrar su libertad y que no dudan que agarrarse a tiros con la Policía para evitar su recaptura. Es el típico actuar de las organizaciones criminales.

El gobierno tiene ante sí el reto de frenar esta ola criminal o, de lo contrario, puede ser demasiado tarde. Los mensajes deberían ser contundentes y no dejar lugar para la sospecha de que, desde las altas esferas, se protege, facilita o simplemente no se actúa contra las mafias organizadas. Por ejemplo, un mensaje en ese sentido es la detención del coronel Maximiliano Dávila únicamente por legitimación de ganancias ilícitas, cuando la DEA de EEUU lo reclama por protección al narcotráfico.

Por ahora, la población queda en zozobra al saberse desprotegida ante sicarios que matan sin miramientos nada más y nada menos que a tres policías de patrullaje.

El gobierno tiene ante sí el reto de frenar esta ola criminal o, de lo contrario, puede ser demasiado tarde.
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