Editorial

Menonitas en Bolivia, una vida sin derechos

Editorial
Editorial
Por 
La Paz - miércoles, 01 de junio de 2022 - 5:00

Entre 1955 y 1962 comenzó la migración de menonitas a Bolivia para poblar las tierras sobre todo del oriente. La presencia de los protestantes anabaptistas era muy valorada por su prestigio mundial en el trabajo agrícola, por lo que se les otorgó todas las garantías para que se desarrollaran bajo sus “usos y costumbres”.

De entonces a la fecha, esas comunidades se han extendido: según los datos de organizaciones no gubernamentales y de sus propios registros, existen en Bolivia alrededor de 150 mil menonitas en al menos 120 colonias. Muchas de éstas se denominan “estrictas”; esto es porque sus miembros se rigen por sus propios dogmas y reglas, de espaldas al Estado boliviano y sin tomar en cuenta los derechos que están garantizados para los nacionales, como es el caso de los menonitas que nacieron en Bolivia.

Página Siete, como parte de los trabajos de periodismo de investigación que realiza con P7-Plus Investiga, se internó en varias de las colonias menonitas radicales y pudo reflejar las condiciones de vida de quienes habitan en ellas. Siguiendo una denuncia de violación a derechos humanos en este contexto, la periodista Ivone Juárez conversó tanto con personas de estas colonias “estrictas” como con quienes han luchado por su libertad y ahora se encuentran alejados y “excomunicados” de ellas.

Los datos son preocupantes: en las colonias radicales, los menonitas, la mayor parte de ellos ciudadanos bolivianos, no conocen o no tienen garantizados algunos de sus derechos fundamentales, por ejemplo el de la educación: asisten a escuelas donde aprenden apenas las operaciones aritméticas y donde ni siquiera son entrenados para hablar el español. La forma de mantenerlos sojuzgados a estrictas premisas y dictámenes anacrónicos –como no usar electricidad, no leer la Biblia, no vestir ropa de colores y, en el caso de las mujeres, prácticamente ser un objeto de reproducción sin voz ni voto- es mantenerlos en un rezago absoluto, con textos en un alemán antiguo que les impide incluso comunicarse en ese idioma.

Parte de la gravedad de esta situación son las expresiones de autoritarismo, violación a derechos y agresiones que sufren de sus líderes radicales: cuando algunos de ellos pretenden burlar alguna norma, son excomunicados; esto es, alejados de las comunidades e incluso de sus propias familias y destinados a una marginalidad que generalmente los sume en la pobreza y la depresión. Ni sus familias normalmente abogan por ellos porque son manipuladas y amenazadas con correr la misma suerte.

El caso de las mujeres es todavía más preocupante: las menonitas -que se casan adolescentes y pueden tener una decena de hijos cada una- no tienen derecho a la propiedad de la tierra, su educación es todavía más limitada que la de los varones y son objeto frecuente de abusos sexuales que quedan impunes.

Como los habitantes de las colonias no son censados y generalmente ocupan tierras fiscales, son muchas veces extorsionados por inescrupulosos abogados que lucran confiscando tierras y vendiéndolas a un mayor precio.

Es un sinfín de irregularidades de las que pocos escapan. Los que llegan a hacerlo están sobre todo inspirados en el deseo de que sus hijos no continúen esta misma historia y reciban una educación que les permita otra vida.

Bolivia es considerado el país donde se refugia la mayor parte de estos menonitas denominados “estrictos”, puesto que en otros países, como Paraguay, las colonias deben regirse por las normas locales.

¿Cuál es la razón para esta indiferencia estatal? El viceministro de Educación Regular, Bartolomé Puma, es uno de los entrevistados en este reportaje y sostiene que los menonitas radicales se resisten a aceptar las normas bolivianas. Uno se pregunta, ¿es esto posible en un Estado que se respete?

Muchas preguntas quedan en el aire y necesitan respuesta. Una constatación sin embargo queda clara: Bolivia necesita sentar presencia de Estado en fronteras, zonas rurales y, como este reportaje lo evidencia, comunidades que ya son bolivianas pero viven postergadas y sometidas.

Esta noticia es de acceso restringido.

Para seguir leyendo, suscribete o accede a tu cuenta:

REGÍSTRATE INICIAR SESIÓN


Mensaje de Raúl Garáfulic, presidente de Página Siete

 

Estimado amigo lector:

Me dirijo a usted para agradecerle por su preferencia hacia Página Siete, que nos ha convertido en uno de los medios de comunicación más influyentes del país. 

En esta ocasión, necesito pedir su apoyo, mediante la contratación de una suscripción a Página Siete Digital. La evolución hacia un modelo de negocios de suscripciones digitales es una tendencia entre los diarios más importantes del mundo.   

Por un costo cercano a $us 5 al mes, los suscriptores recibirán acceso a contenidos premium de nuestro portal www.paginasiete.bo, como el periódico impreso digital (ePaper), varios “newsletters” temáticos, podcasts, más de 12 años de archivo digital (hemeroteca), y otros productos especiales.

Si bien el servicio que le ofrecemos es sustancial para mantenerlo bien informado, lo más importante es que usted ayudará a preservar la libertad de expresión, al permitirnos alcanzar el equilibrio financiero que todo periodismo independiente necesita. 

Durante los últimos tres años, los ingresos de los periódicos del país se redujeron dramáticamente. Primero, por la pandemia, que afectó la venta de periódicos impresos y, luego, por la caída de anuncios publicitarios, causada por la crisis económica actual.

En nuestro caso, la situación se complicó aún más, por el permanente acoso al que nos sometió el Gobierno, mediante agresivas auditorías y multas de varias instituciones del Estado, que, por supuesto, no se aplican a nuestros competidores.

También hubo presión directa contra algunos clientes, como la que provino de aquel funcionario que, con argumentos infundados, “sugirió” a algunos anunciadores que no publiquen en Página Siete, lo que, por cierto, es ilegal.

Adicionalmente, recibimos frecuentes ataques verbales y/o amenazas de líderes del partido oficialista, como Evo Morales, Juan Ramón Quintana, el Procurador General del Estado, y hasta de operadores judiciales, como el ex presidente del Consejo de la Magistratura y otros más. 

Para cerrar la brecha entre ingresos y egresos contamos con el profesionalismo, creatividad y capacidad de trabajo de nuestro comprometido equipo de profesionales, pero también necesitamos su apoyo. 

Defender la libertad de expresión es una buena causa porque nos permitirá seguir fiscalizando a los poderes del Estado, controlados, casi en su totalidad, por un mismo partido, para lograr una Bolivia más justa. 

Nuestro propósito es alcanzar 10,000 suscriptores, con el apoyo de quienes valoran nuestro trabajo. El objetivo es razonable, considerando que Página Siete tiene dos millones de lectores únicos por mes, según Google Analytics, de los cuales, 75% están distribuidos en todo el país y 25% son bolivianos que residen en el extranjero.

Suscribirse a Página Siete Digital es fácil con nuestro nuevo sistema “online”, que acepta pagos por QR, tarjetas de crédito/débito y otros, solo tiene que hacer clic en el botón al final de esta nota y seguir las instrucciones.

Su apoyo puede marcar la diferencia, muchas gracias.

Raúl Garáfulic Lehm
Presidente de Página Siete

 

Hacer click

 

MÁS DE

NOTICIAS PARA TI

OTRAS NOTICIAS