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Sin antecedentes, pero con olor a narco

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La Paz - domingo, 26 de junio de 2022 - 5:00

Si tienes un equipo de guardaespaldas colombianos a tu servicio, algunos de los cuales ingresaron al país por vía no autorizada, y además en tus propiedades la Policía encuentra armamento de guerra, igual al que se pudo usar en una reciente ejecución de tres policías; y si además das positivo a la prueba del guantelete tras haber estado en el lugar de los hechos, el sentido común indica que eres un ciudadano altamente peligroso y parte de alguna red delictiva.

Si a esos hechos sumamos que a tus poco más de 30 años eres propietario de una lujosa hacienda con una treintena de vehículos de competencia y que incluye una laguna artificial y animales exóticos, al estilo de grandes narcotraficantes, como el colombiano Pablo Escobar o el boliviano Roberto Suárez Gómez, no es un exceso pensar que esa red delictiva se encuentre vinculada al negocio de las drogas.

Más aún, si a ello agregamos que eres hijo de uno de los narcotraficantes más buscados en los años 80 y yerno de otro narco extraditado hace poco a Brasil, donde actualmente cumple 14 años de condena por este delito, es lógico pensar que estás metido en el narcotráfico, aún no tengas antecedentes por ello.

Eso ocurre con Misael Nallar Viveros, identificado como el principal responsable de la ejecución de los policías Eustaquio Olano y Alfonso Chávez y del voluntario del Grupo de Apoyo Civil a la Policía (Gacip) José Candia en un suceso que ocurrió la tarde del pasado martes en la localidad de Porongo y del que hay más dudas que certezas hasta el momento.

Lo que se sabe hasta ahora es que Nallar, sobre quien no existen antecedentes de narcotráfico, según el comandante de la Policía Boliviana, Jhonny Aguilera, tuvo un impasse con los policías ese día, cuando se encontraba junto a otras personas consumiendo bebidas alcohólicas y conduciendo sus vehículos de competencia.

No le gustó la labor de vigilancia que hacían los policías y, después de amedrentarlos, finalmente los uniformados fueron ejecutados, de rodillas y con tiros en la cabeza. Seguramente para desviar las investigaciones, los asesinos se dieron tiempo para levantar los cuerpos y ponerlos sobre la camioneta de los mismos policías (como hacen algunos narcos).

Un día después del hecho circularon muchas versiones sobre lo ocurrido, entre ellas la relación de este caso con el narcotráfico y con dos miembros de la fuerza antidroga de la Policía, con quienes Nallar se habría comunicado después de la ejecución.

Ahora las autoridades investigan estos contactos, pero con una dificultad: Nallar dice que perdió su teléfono celular. Sin embargo, de alguna manera pudo comunicarse con un informante que luego le contactó con uno de esos policías, a quien finalmente se entregó.

Nallar ya tiene el agua hasta el cuello y fue imputado por asesinato y enviado a Chonchocoro, pero esto no es suficiente. Lo que se debe esclarecer es si está involucrado o no en el narcotráfico y si efectivamente tenía esa cercanía con policías antidroga, uno de ellos jefe de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn).

Todo indica que esa es una papa muy, pero muy caliente. Y eso se refleja en la posición que tomaron tres autoridades cuando fueron consultadas sobre ello. El comandante de la Policía, por ejemplo, dijo que la Felcn es la que debe responder sobre esas presuntas vinculaciones, ya que esa institución depende directamente del Viceministerio de Defensa Social y no de la Policía Boliviana.

A su turno, el director nacional de la Felcn, coronel Gregorio Illanes, y el viceministro de Defensa Social, Jaime Mamani, derivaron al Ministerio Público el esclarecimiento de estas denuncias.

Pero no es eludiendo respuestas como se esclarecerá este hecho, sino acelerando las investigaciones. Mientras eso no ocurra, la imagen de las fuerzas antidroga (con varios exjefes procesados por narcotráfico) continuará en entredicho.

Nallar ya tiene el agua hasta el cuello y fue imputado por asesinato y enviado a Chonchocoro, pero esto no es suficiente.
Mientras eso no ocurra, la imagen de las fuerzas antidroga (con varios exjefes procesados por narcotráfico) continuará en entredicho.
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