En la mira

El lecho presidencial

lunes, 12 de agosto de 2019 · 00:14

Ya nos habíamos asombrado con los más de 1.000 metros cuadrados destinados a los aposentos del presidente Evo Morales en el nuevo Palacio de Gobierno que, paradójicamente, se llama la Casa Grande del Pueblo. Habíamos quedado con la boca abierta al saber que tiene sauna, yacuzzi y sala de masajes.

   Pero no era todo, hasta ahora nos enteramos que también tiene mobiliario de lujo, que sólo la cama le costó al erario nacional 21.000 bolivianos y que la compra de muebles para siete pisos del Palacio demandó 2,4 millones de bolivianos.

Pero, ¿por qué el asombro, la admiración y la boca abierta? No es por envidia, como podría creer algún vocero masista, sino porque Evo Morales representa justamente lo contrario. Se crió en una humilde choza de Orinoca, no conoció las sábanas ni la pasta dental hasta llegar al cuartel, según su propio relato.

Y, precisamente por sus orígenes humildes, lo que se espera es un manejo sobrio y austero de los recursos cuando de gastos personales se refiere. Pero, el Presidente ha hecho todo lo contrario de lo que la coherencia manda. Ahora vive como un monarca millonario.

 

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