Desde el faro

Primaria: farsa costosa y desigual a resistir

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viernes, 14 de septiembre de 2018 · 00:11

El balazo letal de primarias forzadas le quitó el alma a la Ley de Organizaciones Políticas (LOP). Concebida a la medida del cálculo y los miedos del partido hegemónico, el escenario plantea certezas e interrogantes, a disiparse una vez lanzada la convocatoria a primarias y su reglamento, en menos de dos semanas. El polémico artículo 29 de la LOP es la camisa de fuerza que limita condiciones de competencia igualitarias. Expresa el desesperado intento de silenciar las voces del ¡Bolivia dijo NO! Difíciles de aplacar en las actuales circunstancias.

Para el MAS y su binomio cantado, las primarias se convierten en una farsa, digna de inscribirse como record Guinness a la impostura política. Asfixia la energía de un partido, que además de naturalizar la corrupción, resultó ser el más tradicional, caudillista y clientelar de nuestra historia democrática. Bajo estas condiciones y una cultura política incapaz de administrar diferencias internas, se desvirtúa el sentido competitivo y democrático de un proceso de elección primaria que debió madurar en el tiempo.

No será fácil para el Tribunal Supremo Electoral (TSE) reglamentar el tramposo entramado de restrictivas disposiciones de la LOP que avivan la desconfianza en una institución que comenzó a revertirse, tras su actuación en el referendo del 21F. Un año de campaña con un candidato presidente habilitado a las malas es demasiado tiempo. Con o sin Evo ¿podrá el TSE regular, limitar y sancionar el uso y abuso de bienes y recursos públicos, y revertir el monopolio gubernamental sobre los medios de comunicación estatal al que se acostumbró impunemente?

Es previsible que el reglamento obligue a que ningún partido o alianza presente menos de dos binomios que por ley vienen “casados”, honrando la metáfora de la yunta oficialista. La ley cerró el paso a elegir indistintamente a postulantes tanto a la Presidencia como a la Vicepresidencia. Sera difícil visibilizar nuevos liderazgos bajo un criterio paritario.

Por otra parte, además de la muerte y una enfermedad terminal como única causal para revertir el carácter vinculante de la elección de los binomios, la norma nada dice de la fórmula de sucesión ni sobre posibles renuncias y realineamientos políticos electorales posprimarias. El reglamento deberá buscar salidas flexibles y alternativas creativas. La rigidez amenaza con dejar en el limbo a fuerzas, cuya precariedad les impediría resistir una contienda maratónica.

El MAS obliga a entrar a un juego de alto costo financiero y político en una sociedad polarizada. Desnuda la arremetida de una marea propartido único, anclado en la fuerza fáctica de una militancia enrolada a organizaciones sociales prebendalizadas o fagocitadas en un abultado aparato estatal. El eje del discurso oficial que inocula el miedo a la ingobernabilidad e inestabilidad del país “sin Evo” marcará el tono de esta prematura contienda.

La visión y estrategia de los talibanes internos y externos del proceso ganan terreno. El país se visualiza como el centro de irradiación de un régimen cuya utopía revolucionaria develó ser una semilla que, lejos de germinar, propaga destrucción, desencanto, éxodos y cosechas fallidas en el tiempo.

La cancha está groseramente inclinada. La maratónica etapa electoral, que arrancará con la inscripción de binomios, la primera quincena de noviembre de 2019, será injusta y desigual. Será imperativo resistir sin doblegarse. Las fuerzas opositoras de mediana musculatura están obligadas a liberarse de la carga pesada de celos, egos, miramientos y disputas por parcelas de poder, abriéndose a los colectivos ciudadanos que entienden que la política sí importa.

En un terreno minado, la situación límite demanda compromisos patrióticos y existenciales. En la Bolivia donde lo insólito es posible, ¿será posible armar en pocas semanas la propuesta de convergencia unitaria viable por años impensable? Llegó la hora de la verdad, de dar coherencia a la Torre de Babel expresada en la diversidad de una sociedad, como nunca antes, dispuesta a cerrarle el paso al tirano en ciernes.

Erika Brockmann Quiroga es politóloga

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