Desde el faro

La basura nuestra de todos los días

viernes, 01 de febrero de 2019 · 00:11

El colapso del relleno sanitario de Alpacoma en La Paz puso en evidencia nuestras miserias. Si bien será una auditoria la que establezca si se debió a la negligencia de la empresa, a los riesgos que entraña la inestable e impredecible topografía paceña, o a ambos factores, la gestión de la basura  nos expone a intermitentes conflictos de difícil solución integral. 

Llaman mi atención los casos de áreas metropolitanas de Cochabamba y La Paz. ¿Sabía usted que el año 2016, el Foro Económico Mundial calificó al botadero de K’ara K’ara de Cochabamba entre los 11 peores ejemplos de manejo de residuos del planeta? A pesar de que este vertedero pasó a la condición de “relleno sanitario” siendo mejor manejado, lo relevante es que desde el año 2001 fracasaron los planes de su cierre y clausura definitiva. No se encuentra lugar dónde emplazar uno alternativo y la instalación de plantas de reciclaje no avanza por múltiples razones, entre ellas por no priorizarse la inversión en servicios públicos básicos  por parte de municipios, gobierno central y gobernaciones. 

En La Paz, el conflicto escaló a partir del bloqueo a la reparación del daño producido por el deslizamiento, obligando a la población del área metropolitana y de Achocalla a transitar en una atmósfera cada vez más fétida e insalubre. Percances de esta magnitud no debieran instrumentalizarse con la idea de menoscabar la imagen de un adversario político, sea cualquiera su afinidad política e ideológica. Según el gobierno central “no era asunto suyo”, archivó la Ley de Gestión Integral de Residuos promulgada con bombos y platillos en octubre del 2015, la cual establece que “la gestión de residuos se articula con las políticas de protección de la Madre Tierra, agua y saneamiento… salud, seguridad alimentaria y gestión de riesgos”.

 ¿Se ha constituido y funciona el Consejo de Coordinación Sectorial de gestión de residuos que involucra al gobierno central a gobernaciones y municipios? ¿Los casos más complejos de solución son parte de su agenda?

Las preguntas suman. ¿Por qué el Presidente esperó que se acumulen 1.500 toneladas de basura tóxica en la sede de Gobierno y la realización de las falsas primarias para, finalmente, interceder para el desbloqueo, doblegando la irresponsable decisión del  Alcalde de Achocalla, acostumbrado a rendirle pleitesía? No hay duda, la estupidez y el oportunismo político de aspirantes a diputados en tiempos preelectorales no tienen límite. Era políticamente rentable deteriorar la imagen de Revilla, hasta que el desgaste les llegó a ellos mismos. 

La Paz debió soportar la basura diseminada por las multitudes convocadas para la celebración de los 13 años del proceso de cambio o en ocasión de inauguración de la feria de Alasitas. A estas alturas, resulta ingenuo preguntar por la inacción del Ministerio de Gobierno frente a un bloqueo que agravaba la crisis,  el riesgo de contaminación del agua, de la Madre Tierra y de la salud de la población. 

Presionado por la escalada de protestas y al límite del desastre, el bloqueo fue levantado a condición de que el gobierno municipal presente un plan de cierre del relleno sanitario en los próximos 60 días. A la luz de la experiencia relativa al fallido cierre del relleno de K’ara K’ara, dudo de la viabilidad técnica, social y financiera del compromiso de Revilla. El gobierno central lo sabe.

Lamentablemente el mayor obstáculo para el mejoramiento de servicios públicos radica en la falta de una actitud colaborativa y visión estratégica de los tres niveles de gobierno de un Estado cada vez más centralista y políticamente polarizado. ¿Será que esta crisis contribuye a un cambio de actitud y comportamiento en vecinos, dirigentes, y autoridades y se reorienten prioridades de inversión pública? 

Nos quedan tres caminos. Reconocer que no somos seres celestiales, asumiendo individual y colectivamente la responsabilidad del manejo de nuestra propia basura; prevenir los efectos nocivos de estos vertederos o rellenos sanitaros en las poblaciones aledañas; recurrir a la súbita “benevolencia” del caudillo, que tardíamente anuncia apoyar la industrialización de la basura o invertir para ingresar a la era espacial y expulsar nuestros deshechos al espacio sideral. Disculpen la ironía.

 

Erika Brockman Quiroga es politóloga
 

 

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