Desde el faro

Feminización del narcomenudeo

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viernes, 29 de marzo de 2019 · 00:11

Las mujeres pobres y más vulnerables serían “los eslabones más débiles de la cadena del narcotráfico”. Bajo ese título lo demuestra la investigación transandina publicada por  El Deber (26/11/2018) en alianza con los diarios El Mercurio y la Estrella de Iquique de Chile. No es fácil reflejar, en pocas líneas, el alcance de este documento, cuya lectura es obligada. Los testimonios de vida y la información proporcionada llevan a la conclusión de que las mujeres son un eslabón débil, pero ante todo “carne de cañón” de esta actividad delincuencial.

¡Hasta el ministro de Gobierno de Bolivia, Carlos Romero, habría reconocido que la “feminización de la pobreza está produciendo la feminización del narco”!

Los datos alarman e indignan. De los 325 casos de mujeres detenidas y condenadas en cárceles del norte chileno, por microtráfico de cocaína, la mitad son originarias de Cochabamba e indígenas. En el penal de Alto Hospicio “hay más mujeres presas bolivianas que chilenas”.  Ellas son reclutadas para transportar droga de Bolivia al mercado consumidor de Chile, donde el valor de la mercancía se multiplica por siete. Casi a diario alguna mujer es capturada. 

Las “mulas” y “tragonas” son madres solteras, en deudas o abandonadas por padres irresponsables, siendo el único sustento de sus familias. Hay excepciones, es el caso del clan Terán, que involucró a las hermanas de una fundadora del MAS, sorprendidas in fraganti con 147 kilos de pasta base de cocaína. Una vez capturadas, ellas no estuvieron huérfanas de apoyo.  

El testimonio de Elena es desgarrador. Retornó al Chapare cochabambino tras siete meses y 15 días de detención. Fue puesta en libertad por no tener antecedentes delictivos y devuelta al país a condición de no pisar territorio chileno por 10 años. Al igual que a otras, se referían a ella como la “narcoburra”.  Tuvo que permanecer días en un conteiner cercano al Hospital de Iquique destinado a las tragonas hasta expulsar los ovoides de droga ingeridos. Por migajas pagó un alto precio y una vez en el Chapare, el mafioso que la involucró en el narconegocio había desaparecido. El reportaje nos enfrenta al drama humano más allá de las frías cifras oficiales. 

En esa zona fronteriza prevalecería la ley del embudo. El microtráfico se combate con más eficacia. Ello no ocurre cuando se trata de grandes mafias, lo cual no extraña. Desde la expulsión de la DEA de Bolivia y el tensionamiento de relaciones provocado por la judicialización de la demanda marítima ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya se aflojó la cooperación bilateral y regional de los organismos de lucha e investigación de redes de narcotráfico que involucran a peces gordos. 

Casualmente, el anuncio intempestivo de la demanda marítima por parte de Evo Morales se realizó a pocos días de constatar que Chile cooperó en el operativo de captura por delitos de narcotráfico del general Sanabria, encargado  de la lucha antidroga. El bullado caso dejó huella y muchas dudas. 

Desde ese momento, con exitismo, el MAS embarcó al país en una estrategia jurídica experimental y unilateralmente definida que resultó fallida de origen. Dudar de ella era herejía. Se crisparon las relaciones al extremo de entorpecer el tratamiento, en la agenda bilateral de temas como el abordado en esta nota. 

Estamos frente a una problemática imposible de soslayar en la agenda del movimiento de mujeres y por un gobierno que presume ser vanguardia en la legislación que reconoce el derecho de las mujeres a una vida libre de violencias. Contradictoriamente, el desafío se presenta cuando la corrupción, la crisis judicial e institucional tocan fondo, condiciones que no garantiza el pleno ejercicio de este y otros derechos.

En marzo los temas aquí tratados se entrelazan. Día Internacional de la Mujer, día del mar perdido, narcotráfico. Sucedió mientras Evo Morales exaltaba en Viena el éxito del innovador “modelo boliviano” de lucha contra el narcotráfico, recientemente observado  por la legalización de coca excedentaria. Aprendamos la lección, no toda innovación es virtuosa, ni el aventurerismo improvisado lleva a buen puerto. 

Más allá de la parafernalia, la tensión con Chile persiste y nuestro aislamiento se hace evidente. Hay realidades que contagian bronca y desaliento.
 

Erika Brockmann es politóloga y fue parlamentaria.
 

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