Erika Brockmann Quiroga

Propaganda y relatos engañosos

viernes, 27 de septiembre de 2019 · 00:11

El testimonio de Valery Legasov, el físico nuclear ruso que reveló la verdad de los hechos que rodearon el trágico accidente nuclear de Chernobyl, llevado a la pantalla chica por HBO, es esclarecedor. Para él “el peligro real es que si oímos suficientes mentiras ya no podemos reconocer la verdad en absoluto…, incluso queda abandonar la esperanza de conocer la verdad y contentarnos a nosotros mismos con relatos”.

 La miniserie desnuda el “secretismo” imperante y el alcance de los mecanismos de domesticación de la opinión pública y deformación de la verdad en regímenes que pregonan la infalibilidad y la supremacía del Estado. Hanna Arendt, estudiosa de los totalitarismos, concluía que éstos hicieron de la propaganda un medio para la “proliferación y perfeccionamiento del engaño”. En Chernobyl, el régimen soviético descartó toda discusión técnica, eludió su responsabilidad e impuso un relato oficial plagado de mentiras y medias verdades.

Fue entonces que me percaté de la vigencia del periodo de “silencio parcial” de la propaganda oficial del gobierno del MAS a un mes de la conclusión de tan dilatada y desigual competencia electoral. Me pregunté sobre los efectos que sobre el electorado habría tenido el bombardeo inclemente de propaganda oficialista, financiada con dinero de los bolivianos 

¿Habrá logrado convencer que Evo es el único garante de estabilidad social y económica? ¿de “futuro seguro” que promete el eslogan en la recta final de su campaña? El MAS ha dicho que los empleos lloverán como maná del cielo, que los bolivianos somos dueños de empresas públicas prósperas y sostenibles, que la nacionalización y la industrialización del gas fueron exitosas y que la agenda patriótica es el último peldaño para coronar su misión histórica. El mensaje machacón intenta llegar a los indecisos y convencer de que la ilegal candidatura de Evo, la corrupción e ineficiencia que la salpican, son irrelevantes frente al luminoso porvenir prometido. Arendt nombró a este efecto como la “banalización del mal”, ingrediente indispensable en toda estrategia de toma del poder de regímenes que siguen la receta y cocinan “a fuego lento”  algún tipo de totalitarismo. 

En este punto cobra sentido la reflexión de Legasov. ¿Será que el elector promedio digiere con facilidad la estrategia de judicialización y estigmatización del adversario y del “antes neoliberal” profusamente divulgado los últimos meses por el MAS? Tal vez. O al contrario, ¿será receptivo a otras ofertas de campaña o a la masa de datos que relativizan la veracidad de la narrativa oficial? La sensación térmica de progreso y crecimiento, artificialmente sostenida ¿se alterará ante la evidencia del déficit fiscal crónico, de la caída de nuestras reservas internacionales, de la quimera del mar de gas que se desvanece, y los drásticos recortes presupuestarios que se anuncian?

Salvando las diferencias, el manejo por parte del Gobierno del caso de la devastación provocada por los incontrolables incendios del bosque seco chiquitano, refleja un patrón de respuestas políticas comparables a la negación, manipulación y ocultamiento de información observada en Chernobyl. Ocurre en gobiernos proclives a controlar la voz de la justicia, de la ciencia y la prensa libre. En los incendios se minimizó la gravedad del desastre, se presumió de una autosuficiencia financiera y técnica para lidiar con ellos, ¡ falso orgullo! al extremo de rematar, en la ONU, en un discurso cínico y vergonzante. Todo indica que el 20 de octubre tendremos la respuesta a estas inquietudes y, gane quien gane, el 2020 será el año de sincerarnos con la realidad, enfrentar juntos los problemas y temas esquivos en tiempos de campaña. 

Temo que el abultado porcentaje de electores que insiste en el voto nulo se explica por el síndrome de la desconfianza y de vivir en tiempos de “verdades irreconocibles” prohijadas por la trivialización de la política, las fake news, la polarización discursiva, el fundamentalismo ideológico y la renuencia a transparentar y dejar fluir información pública y/o especializada. No hay duda, de persistir el nulo o blanco, se habrá cerrado el paso a una segunda vuelta. Y allanado el camino a perpetuar en el poder a un régimen autocrático que, según la revista Nueva Sociedad N°282, es hoy la principal amenaza a la democracia.

 
Erika Brockmann es psicóloga, cientista política, exparlamentaria.

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