Otras palabras

Nuevos horizontes de transformación ética y política

jueves, 19 de mayo de 2016 · 00:00
En la columna del 7 de abril escribí sobre la crisis de representatividad de la izquierda y la necesidad de una profunda autocrítica para delinear la complejidad de los desafíos que enfrentan los horizontes de transformación ética y política hacia otra economía, y otro desarrollo. Proceso que hoy está en la cancha de la sociedad civil. 
 
Se trata de construir colectivamente trayectorias posibles de salida del extractivismo con la articulación de tres principios: respeto por los ecosistemas, inclusión social a través de la disminución significativa de la desigualdad y promoción de pluralismo de actores sociales, organizaciones económicas y gobernanzas político-económicas.
 
El gran reto está en promover un cambio radical del paradigma del desarrollo  a partir del abandono del supuesto (inválido) de la infinitud de los recursos naturales para el crecimiento ilimitado y la reproducción del patrón vigente de consumo de bienes materiales. Sólo así la gestión económica asumirá seriamente los problemas del cambio climático, de los desequilibrios ambientales y el agotamiento de los recursos naturales. 
 
Este cambio cognitivo profundo trastoca la forma de encarar los desafíos desde la dimensión territorial y ecológica. Se trata de promover transformaciones orientadas a la mejora sostenida de las condiciones de vida de las poblaciones insertas en ecosistemas que requieren cuidado para su continua reposición. 
 
Entra en la ecuación del desarrollo: fuentes energéticas sostenibles; uso consciente de recursos como el agua; procesos productivos limpios; destino planeado de residuos; formas plurales de gobernanza comunitarias-territoriales y marcos democráticos de deliberación y control social. 
 
En este nuevo horizonte, las opciones estratégicas deben ser construidas desde sujetos políticos concretos y
desde espacios territoriales en el marco del compromiso con la transformación profunda de la institucionalidad de la gestión del poder y de gestión pública. 
 
El punto de partida es el cuestionamiento de las relaciones clientelares y prebendales, la apropiación privada de lo público, las modalidades bilaterales y puntuales de las relaciones gobierno y grupos de interés de sociedad civil, y las prácticas inequitativas (de género, étnicas y otras) en todos los ámbitos sociales. Por lo tanto, se trata de transformar las estructuras del sistema político y de la toma de decisión hacia un marco institucional efectivamente democrático. 
 
Un modelo de gestión orientado al fortalecimiento de la vida asociativa en los territorios para que el conjunto de ciudadanos puedan ser agentes activos en la búsqueda de soluciones colectivas a sus problemas y necesidades.
 
Bajo este nuevo marco conceptual y de gestión, la preocupación central de las políticas públicas se vuelca a la construcción de capacidades institucionales democráticas y el fortalecimiento de sentidos compartidos de bien común, y bien público por los actores sociales. 
 
Se trata de transformar las asimetrías de poder, de información y de participación de los actores sociales en territorios a través del apoyo a la construcción de nuevos entramados institucionales. En contraposición al eliminar los conflictos y disputas entre actores se busca generar espacios transparentes de diálogo y un conjunto de prácticas deliberativas para que los diversos actores puedan gestionar sus diferencias o conflictos, y llegar a acuerdos para promover beneficios colectivos. 
 
Esto implica la inversión de la lógica de políticas desde arriba y desde lo nacional a desde abajo y desde lo local.
 
En los espacios territoriales, los actores, las capacidades y potencialidades propias y plurales son los puntos de partida de otro desarrollo. El objetivo es fortalecer las dinámicas económicas y sociales endógenas en los territorios y, específicamente, las capacidades de los mismos actores para encontrar soluciones eficaces a los problemas colectivos que enfrentan en sus ecosistemas. 
 
El desafío está en potenciar las energías sociales que dieron nacimiento a los gobiernos progresistas al inicio del siglo XXI y, con base en el análisis autocrítico de estas experiencias, construir colectivamente nuevas vías viables hacia otro desarrollo y otra economía. 

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.

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