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¿Por qué Bolsonaro ganó las elecciones en Brasil?

jueves, 01 de noviembre de 2018 · 00:07

Después de tres décadas de democracia y más de 20 años de gobiernos de partidos de centro-izquierda, 57,7 millones de brasileños (55%) votaron por un político que añora la dictadura militar, admira torturadores, menosprecia valores democráticos y amenaza vulnerar derechos civiles, políticos, y sociales. 

Muchas preguntas sobre la victoria de la ultraderecha en Brasil están sobre la mesa. Mirando el futuro, no se sabe cuáles promesas de Bolsonaro serán efectivamente promovidas por el nuevo gobierno o cuáles de estas podrán implementarse en el marco de las instituciones políticas brasileñas. Esta es una prueba para la democracia.

Esta victoria fue un fenómeno de gran envergadura y tremendamente complejo. Vale la pena hacer una primera reflexión sobre las razones sociales, económicas y políticas para los resultados del último domingo.

Una primera radiografía sociológica de los votos indica que Haddad obtuvo la mayoría de los votos en los municipios más pobres y con población menos blanca; mientras que Bolsonaro fue el más votado en los municipios más ricos y con mayoría blanca.  La brecha entre electores es clara.

En una elección muy polarizada, la victoria de Bolsonaro fue alimentada por la rabia visceral contra el PT y el expresidente Lula, ahora encarcelado por corrupción. Ambos se convirtieron en el enemigo a derrotar a cualquier costo y con quien sea.

Bolsonaro se aprovechó de este sentimiento de aversión de gran parte de la población. Sin embargo, otro candidato también podría haber logrado lo mismo. De hecho, Ciro Gomes, un candidato de centro izquierda, se posicionó en las encuestas como el único candidato que tenía chances de ganar a Bolsonaro en el segundo turno.

El PT llegó a ponderar la posibilidad de no presentar candidato propio y apoyar a Ciro Gomes. Sin embargo, optó por insistir en la candidatura de Lula desde la prisión y tardíamente postuló a Haddad.

Es hora de una profunda reflexión critica desde la izquierda para aprender de esta derrota. La imposibilidad de autocrítica seria y consistente por parte del partido que gobernó de 2003 a 2016 y de sus militantes son la espina que sigue trabada en la garganta de muchos brasileños.

La indignación ciudadana con la corrupción sistémica y profunda, que no sólo continuó sino que,  además, se profundizó durante el gobierno del PT, fue menospreciada por los líderes y la militancia. El PT no asumió su responsabilidad directa y en alianza con los otros partidos políticos (incluido el de Bolsonaro) en la corrupción. Prefirió vestir la ropa de víctima. 

Una correcta autocrítica no sólo sería más digna, como también podría haber resaltado el hecho de que el PT no debilitó las investigaciones independientes de la Policía, el trabajo libre de la prensa y el enjuiciamiento de varios involucrados en los mega escándalos de corrupción. Y que esto sólo fue posible por el respeto a las reglas democráticas, las cuales son menospreciadas por el futuro presidente de Brasil.

El antipetismo también se alimentó de la grave crisis económica que asoló el país con el fin del auge económico internacional. De grandes expectativas a grandes desilusiones.  La recesión que asola el país, asociada a la irresponsabilidad fiscal y combinada con el incremento exponencial del desempleo, y de la inseguridad ciudadana, terminaron por derrocar en las urnas el proyecto político que había logrado importantes conquistas sociales, como la disminución inédita de la pobreza y la desigualdad.

Permanecen muchas interrogantes por analizar. En estas elecciones las redes sociales y especialmente de las fake news jugaron un rol muy importante. Y de igual manera la ascensión de movimientos conservadores y la impronta política de las iglesias evangélicas. También se visibilizaron las divisiones entre clases y grupos en una de las sociedades más desiguales del mundo.

Hoy la oposición tiene un rol muy importante para frenar los excesos de Bolsonaro y el PT será un jugador importante. Al final y pese a la derrota, éste tuvo el apoyo de 45% de los votos válidos.

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.

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