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La pérdida de capacidad productiva en Bolivia

jueves, 29 de noviembre de 2018 · 00:11

En muchas oportunidades escuché a empresarios explicar por qué no invierten en el sector productivo y prefieren apostar al comercio y al negocio de bienes raíces. En estas historias emergen las innumerables dificultades que enfrentan para producir en el país y las incomparables ventajas que ofrecen los negocios en comercio y construcción. 

Comento una de las historias en el sector de alimentos. Con un mercado garantizado en Europa, un empresario nacional decidió abrir su negocio. En el proceso de formalización de la empresa, él encontró el primer obstáculo. En Bolivia se requiere 45 días en promedio para establecer un negocio, muy superior a Perú (26 días) y Colombia (11 días). Y este es sólo el inicio de un camino largo y tortuoso de la tramitología. 

Superada esta etapa, el empresario empezó el proceso de producción a través de la compra de insumos, contratación de trabajadores y preparación de los cultivos. Todo parecía promisorio cuando empezaron nuevos problemas. 

Su cultivo fue afectado por la presencia de plagas en la localidad. Un problema que, por supuesto, no podía resolver individualmente y no encontró instituciones y mecanismos para enfrentarlo. No menos importante fue la carencia de transporte acondicionado (cadena de frío) para productos perecederos; servicio fundamental para que alimentos frescos puedan llegar a su destino en las mejores condiciones y lo más rápido posible. 

Debido a la morosidad de los trámites para la exportación, muy superiores a los países vecinos, el industrial boliviano finalmente cerró su emprendimiento productivo  y decidió dedicarse a negocios más rentables y fáciles en nuestro país: la importación de bienes de consumo y la construcción. 

En la ausencia de políticas productivas adecuadas para superar los obstáculos para la producción, asistimos a la conversión de productores e industriales en comerciantes y rentistas. Proceso que refleja la pérdida de capacidad nacional para producir bienes para los mercados nacional e internacional. 

Tuvimos un periodo de excepcional bonanza económica promovida por el alza de los precios de las materias primas. Sin embargo, ésta no fue aprovechada para el fortalecimiento de nuestro aparato productivo y la multiplicación de productores nacionales. Las rentas originadas en la exportación  de los recursos naturales retornaron al exterior a través del incremento de las importaciones. De hecho, entre 2005 y 2015 estas pasaron de 1.281 a 10.674 millones de dólares y buena parte fue importación de alimentos. 

Mientras tanto, países vecinos como Perú y Chile avanzaron en la consolidación de sectores productivos como, por ejemplo, la industria de alimentos para consumo humano a través de políticas productivas dirigidas a mejorar la productividad y la competitividad. 

Un ejemplo paradigmático es el desarrollo de la industria de espárragos en Perú formada por pequeños y medianos productores. En 2015 nuestro vecino fue el primer exportador de espárragos en el mundo y en el año siguiente el segundo. Esta experiencia muestra que es posible fortalecer las capacidades productivas nacionales cuando existe voluntad política y adecuada orientación de política pública. 

En efecto, Perú y Chile cuentan con instituciones y políticas de ciencia y tecnología muy superiores a las de Bolivia. De igual manera, cuentan con entornos más favorables para el emprendimiento y políticas para la superación de problemas de coordinación como, por ejemplo, la provisión de cadenas de frío y control de plagas. 

En Bolivia no contamos con el entorno adecuado para incentivar la inversión en el sector productivo. Éste requiere de políticas inteligentes y orientadas a la superación de los obstáculos en las cadenas productivas. 

Con el fin de la bonanza económica y la cercanía de las elecciones, es aún más urgente repensar las políticas de desarrollo productivo en Bolivia.
 

 

Fernanda Wanderley es socióloga investigadora.

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