Fernando Salazar Paredes

Convergencia de intereses entre Bolivia y Chile

lunes, 6 de abril de 2020 · 00:12

Tucídides, estratega ateniense que vivió entre 460 y 400 a.C., sostenía que la identidad de intereses es el más sólido lazo que une a los Estados o a los individuos.

               En 1987, el diplomático peruano y ex Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuellar, cerraba su memoria sobre la labor de la organización señalando que la solución pacifica de los problemas depende, más que nada, de una convergencia de intereses. “A mi juicio –decía Pérez de Cuellar–, en este último año, el concepto ha cobrado claridad. No tengo la menor duda de que ahora existe esa convergencia respecto de las cuestiones importantes que enfrenta el mundo”.

               Así, con más de dos mil años de diferencia, dos eminentes pensadores coincidían en un aspecto conceptual, que tanto Chile como Bolivia pareciera que no le han dado la importancia debida.

               Si esto es así, por qué los dos países no han podido avanzar para hacer coincidir sus intereses y allanar sus diferencias.  Hans Morgenthau, en su Política entre las naciones nos da la pauta cuando señala que “debemos acercarnos a la realidad con una especie de esquema racional, una suerte de mapa que nos sugiera los posibles sentidos de la política exterior”.

Hasta ahora se han ensayado varias tentativas para solucionar el problema marítimo boliviano.  Las posiciones extremas, tanto en Chile como en Bolivia, han impedido, sin embargo, que avancemos efectivamente hacia una posible solución concertada. Dadas las condiciones del actual sistema internacional, no caben fundamentalismos que lo exigen todo de una sola vez o que niegan sostenidamente que exista el problema.

 En política internacional no hay amigos ni enemigos permanentes, sólo hay intereses.  El equilibrio de intereses cohesiona a los países. Bolivia y Chile son países que se complementan y que pueden tener un futuro diferente, un futuro compartido.

Hace 16 años realicé un ejercicio destinado a que los dos países se puedan avenir a un arreglo que no violente las limitaciones internas de Chile, aproxime a Bolivia a su objetivo de retornar al Pacífico y que libere a Perú –la experiencia lo ha demostrado– de un visto bueno que, pareciera, le resulta incómodo.

Hasta ahora, Chile y Bolivia, han estado muy ensimismados en posiciones subjetivas, sin tomar en cuenta, objetivamente, las posiciones de la otra parte. Mientras esto subsista, mientras no haya un equilibrio de intereses, el proceso de solución del problema marítimo boliviano, más allá de los discursos diplomáticos, no encontrará rumbo… seguiremos por el camino incierto, como en ese pasaje de Alicia en el país de las maravillas, cuando Alicia le pregunta al gato, “¿dime por favor, por dónde debo ir?”. Y el gato le contesta: “Eso depende, ¿a dónde quieres llegar?” Y Alicia responde: “No lo sé.” Y el gato le contesta: “Entonces poco importa por dónde vayas”, a lo que Alicia complementa: “Mientras pueda ir a alguna parte”. Y el gato finaliza: “Claro que puedes hacer eso, mientras puedas caminar….”

La propuesta que hice entonces en mi libro Desatando nudos proponía, al contrario de Alicia y el gato, llegar a una solución posible y, para ese fin, demostraba la forma de arribar a ello, tomando en cuenta los intereses de las partes dentro de un contexto de una nueva racionalidad política.

No es racional quererlo todo y ahora; tampoco es racional negarlo todo y siempre. Veamos los intereses de las partes y pongámoslos en la balanza.  Negociemos para avanzar.  Negociar es hacer coincidir posiciones hasta encontrar el equilibrio. La negociación, sin embargo, debe hacerse  con prescindencia de “dogmatismos patrioteros”, de una o de la otra parte. Se precisa una racionalidad política en el proceso negociador.

Si, hoy por hoy, la solución perfecta tiene limitaciones internas en las partes, veamos la forma de superarlas para avanzar. Encontremos los obstáculos de cada una de las partes, trascendiendo el subjetivismo que hasta ahora ha caracterizado los planteamientos.  Busquemos el equilibrio de intereses, único medio de alcanzar una solución posible.

Ahora que la era de los traficantes del mar ha pasado, termino con una oportuna reflexión de mi buen amigo Alberto Zelada, que en 2004 expresaba: “Busquemos una solución, una cultura para la paz y la integración, que entienda que negociar es ceder para ganar mucho y, así, construir un futuro compartido, dejando de ser un obstáculo, y convirtiéndonos en un eje articulador de la unión sudamericana”.

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.

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