Fernando Salazar Paredes 

Berni Sanders: más peligroso que mono con navaja

lunes, 13 de julio de 2020 · 00:12

  François de La Rochefoucald, escritor francés admirado por Nietzsche, es el originador de una serie de máximas de la cuales me detengo en una para iniciar mi columna de hoy.

“Tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debiera saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debiera saberse”.

 Berni Sanders, conocido senador estadounidense, ha escrito una carta al secretario de Estado Mike Pompeo junto a seis de sus habituales secuaces, todos de la misma región del noreste de Estados Unidos, en la que repite afirmaciones típicas del cártel del internacionalismo seudo-socialista,

 El encargado de Negocios de Bolivia en Estados Unidos, en un impecable inglés, le ha respondido adecuadamente, desbaratando todas y cada una de sus medias verdades. 

 Berni Sanders es un político admirable en muchos aspectos, pero es un típico político irresponsable y, en cierta medida, un demagogo a carta cabal. La  responsabilidad política  es la imputabilidad de una valoración por el uso que un político hace del poder.  El demagogo tiene el afán de manipular la opinión de las personas y de esta manera acercarse a la población y dirigirla hacia  un fin que lo mantenga en el poder político.

 En este caso, Sanders es también un ignorante porque no sabe lo que debe saber sobre la realidad boliviana, sabe mal lo poco que sabe y lo demuestra elocuentemente en su carta a Pompeo y, finalmente, tampoco sabe lo que debía saber de lo que pasó en lo últimos 14 años y lo que está pasando ahora en Bolivia.

 Sanders, en los estertores de su carrera política, si bien ansía prolongar el poder que detenta como notorio senador, debería entender que la responsabilidad política no tiene como fin servir de orfeón de una ideología totalitaria, sino, má bien, de atender las necesidades básicas de las grandes mayorías que, hoy por hoy, se resumen en un verdadero interés social que incluya salud, empleo y democracia, algo evidentemente ausente en el régimen que pretende defender.

 Él y sus seis compinches parecen no tener idea de lo que están apoyando y, consecuentemente, solicitan abiertamente que su país se inmiscuya en los asuntos internos de Bolivia para “presionar con más firmeza al Gobierno de Bolivia para que cesen las inquietantes acciones de la administración de Añez”. ¿Presionar con firmeza…? ¿Qué quiere decir esto...? ¿Acaso el senador Sanders está clamando que su gobierno intervenga en la política interna de un Gobierno extranjero…? Así, de una manera elíptica, su accionar podría dar lugar a encontrar una causal para remover al Presidente de su país, según lo previsto en el  artículo 2º, sección 4ª, de la Constitución de Estados Unidos  (1789).

 De ahí que nuestro encargado de Negocios en Estados Unidos ha tenido la perspicacia de poner el dedo en la llaga cuando señala al locuaz e ingenuo senador y sus seis seguidores que no es justo que utilicen a Bolivia como carne de cañón en su lucha contra el presidente Trump.

 Y es que el senador de marras debe saber que, en el alcance de la responsabilidad política, propia del cargo que detenta por ahora, se debe distinguir entre el ilícito jurídico, ilícito moral e ilícito político. Plantear una inter vención de Estados Unidos en Bolivia es algo jurídicamente improcedente, moralmente inaceptable y políticamente imprudente. La carta obviamente comete los tres ilícitos y, como diría Max Weber, en un demagogo –que nunca actúa con mesura– coinciden la carencia de convicciones y la falta de responsabilidad porque, como en este caso, para no caer en la demagogia, Berni Sanders debería aquilatar el efecto que está provocando su accionar que está más pendiente de la impresión que produce que de las consecuencias de sus actos.  

Curiosamente toma la iniciativa de propiciar una intervención estadounidense en Bolivia y se rasga las vestiduras cuando se critica a Venezuela o Nicaragua. Quod licet Iovi, non licet bovi, como decían los antiguos senadores romanos reflejando   las relajadas normas de comportamiento que la élite se aplica a sí misma y las normas mas ásperas que se impone a los demás.

 El pueblo boliviano, apartándose de la “maldición de la inanidad” de los políticos profesionales, harto del dogal que se le pretendía imponer, protagonizó en octubre y noviembre pasados una epopeya destinada a recuperar los valores democráticos que animan a las grandes mayorías. Es muy posible y probable que se hubiesen cometido errores, pero ninguno es comparable a los ilícitos que el pueblo boliviano tuvo que soportar durante 14 años.

 Claro que el senador Berni Sanders no tiene idea de lo que pasa en Bolivia y no depara en la verdadera historia; prefiere apoyarse en un libreto concebido y difundido por ese cártel ya aludido y demagógicamente actúa desde su curul de poder y se convierte en un instrumento más peligroso para la democracia que un mono con navaja.

Fernando Salazar Paredes es abogado internacionalista.

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