El satélite de la Luna

El discurso presidencial que no fue

sábado, 26 de enero de 2019 · 00:12

Queridas hermanas y queridos hermanos de Bolivia, este discurso, el último de mi larga gestión de 13 años, será más breve que otros, no contendrá números que me cuesta leer, ni recuento de obras realizadas. Los logros de un gobierno no necesitan ser nombrados, ¡están a la vista de todos! Tampoco deben ser motivo de orgullo o de presunción de los gobernantes, que somos servidores del pueblo. Como bien dice el Evangelio: “cuando habrán hecho todas estas cosas, digan: siervos inútiles somos”.

Este informe, al comenzar el último año de mi gestión, será un repaso de conductas y actitudes que me han impedido ser mejor servidor de nuestra querida Bolivia. Y cuando digo “me han impedido” no lo hago en son de soberbia, sino asumiendo personalmente la responsabilidad de lo que han hecho mis colaboradores, la mayoría de los cuales los he nombrado personalmente como interinos, pasando por encima a normas y requisitos, de modo que tomo esa carga sobre mis espaldas.

Lo primero que me reprocho, y espero que me perdonen, es el derroche que hice del dinero de todos ustedes. Ahora entiendo que ese gas vendido y dilapidado lo quité a las generaciones futuras para las cuales tenía la obligación de transformarlo en obras duraderas y eficientes. Además fui un ingrato con las generaciones y gobiernos anteriores que lograron descubrir campos de gas y suscribieron contratos que mi gobierno heredó, junto a una bonanza de precios inédita, y que dieron los frutos que hemos gozado. Ojalá se pudiera decir lo mismo por lo que yo dejaré para el próximo gobierno.

He ordenado una revisión minuciosa de las empresas públicas que alegremente hemos creado e ineptamente hemos administrado. Las que no responden a criterio de eficiencia y de utilidad pública serán entregadas a manos de hermanos empresarios para que las operen con eficiencia. Las traspasaremos de manera transparente y en beneficio del país, para que no sigan despilfarrando sus impuestos.

Sin querer exculpar a mis colaboradores, siento que he fracasado en preservar las instituciones republicanas y democráticas que me permitieron llegar a la Presidencia, empezando por la justicia. De hecho, me dejé convencer en manipularla para reforzar mi poder totalitario, sin ni siquiera lograr ocultar ese juego sucio. Prometo, en este último año de mi mandato, tratar de devolver a la plena vida democrática instituciones como el Poder Electoral, el Judicial, la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo (¡perdón por la mala palabra!) y la Policía, entre tantas otras.

 Nombraré en los cargos públicos y en los mandos policiales y de las Fuerzas Armadas a los mejores profesionales, con los mejores perfiles y la más amplia experiencia. ¡Se acabó la era de la improvisación y la ineptitud!

A los amigos de la prensa, agradezco sus críticas por los desaciertos de mi gobierno, los exabruptos de mi persona y las contradicciones de mi conducta. Injustamente los he atacado, humillado y amenazado. Hoy entiendo que sólo con una prensa libre el pueblo se libera de sus ataduras.

Reconozco que acudir a La Haya para solucionar nuestro injusto enclaustramiento fue una apuesta osada, en la cual puse todo mi esfuerzo y voluntad. Reconozco humildemente que no tuvimos éxito, pero siento que otros vendrán con nuevas ideas y nuevos ímpetus para que un día nuestra querida Bolivia, con unidad y en paz, vuelva a las costas del Pacífico.

Finalmente, y sobre todo, deseo pedir perdón a todos ustedes, pueblo de Bolivia, por haberles mentido y engañado con la falsa promesa de respetar su voluntad y la Constitución que yo mismo les propuse, y ustedes aceptaron.  Por todo eso, anuncio mi retiro de la política.

 En esto desperté, y vi, y mi sueño me fue agradable (Jeremías 31, 26).

Francesco Zaratti, es físico y analista.
 Twitter: @fzaratti
 

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