Folio político

Indígenas urbanos: ¿nueva identidad o contradicción?

sábado, 21 de mayo de 2016 · 00:00
Es fundamental insistir en la formulación de políticas públicas que generen oportunidades para mejorar las condiciones de vida de los indígenas migrantes hacia las ciudades. Se hace necesario erradicar la discriminación y la desigualdad, aceptando a las culturas originarias que ahora se mezclan con la modernidad urbana. El panorama latinoamericano del siglo XXI se caracteriza por el avance de un entramado cultural híbrido, junto con las ideologías indianistas y las representaciones sobre la descolonización del Estado.

En la región andina de América Latina, la situación de los indígenas urbanos es muy particular porque se funda sobre el predominio de la cultura occidental y el evolucionismo que intenta alienar la realidad indígena, ocultándola como si fuera un peso del pasado que tiende a desaparecer.
 
En la educación se intenta incorporar la visión de las culturas indígenas, contrarrestando la homogeneización de una identidad sin diversidad cultural. Sin embargo, los medios de comunicación refuerzan la invisibilidad del indígena urbano, alimentando estereotipos discriminatorios que lo equiparan con un grupo atávico e inadaptado a la globalización. El Estado todavía niega las identidades indígenas, haciendo que éstas caigan en la trampa de la auto-negación.
 
Los indígenas urbanos son una identidad cultural que proviene de la migración rural-urbana y preserva sus patrones de comportamiento social en el escenario moderno de las grandes ciudades. La recuperación de su identidad en las metrópolis tiene lugar en los bailes ancestrales y las ferias, destacando la cultura ancestral como un factor de expresión estética.
 
¿Qué significa ser indígena citadino? Significa preservar las costumbres, no avergonzarse del fenotipo indio y tampoco de su herencia histórica. Es una lucha en contra de las relaciones de explotación de un ambiente modernizador donde los patrones de la occidentalización obligan a los indio-urbanos a alienarse para forzar una adaptación al mundo globalizado, como si fuera la única forma de supervivencia en las ciudades.
 
En las universidades, la educación occidental opaca la visibilización de los pueblos indígenas, razón por la cual es importante proseguir con un esfuerzo que replantee los derechos interculturales presentes en los grandes centros urbanos. Uno de los aspectos principales es la recuperación, o la preservación, de los derechos de propiedad comunal sobre las tierras de las comunidades indígenas. La lucha de los indígenas sigue siendo, por lo tanto, una influencia positiva que complementa los derechos ciudadanos en cualquier sistema democrático.
Una consecuencia directa de nuevos derechos es la exigencia de políticas públicas focalizadas para los indígenas urbanos. Los gobiernos municipales no deben negarlos, sino promocionar su inclusión desde una mirada territorial y desde las políticas urbanas que reduzcan la desigualdad. 
 
¿Se puede mantener la identidad en las ciudades? Sí, en la medida en que los indígenas urbanos aporten democráticamente al tratar de revertir la exclusión sin revanchismos. Sin embargo, "ser indígena” significa una construcción ideológica y política que cambia y se recompone con una serie de influencias de carácter cultural, económico y según la época que nos toca vivir.
 
La auto-negación de la identidad indígena en los migrantes que llegan a las ciudades es un problema que caracteriza, sobre todo a los jóvenes, llegando a fragmentarse la identidad del indígena urbano que cabalga entre lo originario, lo campesino y el reto de no caer en una sutil contradicción donde, finalmente, trate de blanquear su piel con la tecnología y las ilusiones de la modernidad que lo convierte en un consumidor más del mercado global.

Franco Gamboa Rocabado es sociólogo, doctor en ciencia política y relaciones internacionales, miembro de Yale World Fellows Program.

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