Franco Gamboa Rocabado

Investigación y transdisciplinariedad

sábado, 26 de octubre de 2019 · 00:11

Los procesos de investigación y la construcción de conocimientos como un esfuerzo estratégico, capaz de transformar la sociedad, cultura y economía son una misión ineludible para cualquier universidad. De hecho, las “universidades de investigación” representan el pivote fundamental para llevar a cabo cualquier descubrimiento relacionado con la tecnología de punta. No se puede hablar, ni lograr ningún tipo de innovación en el siglo XXI si no se tiene un patrimonio y experiencias sólidas de investigación científica. 

Sin embargo, y como es la costumbre, desde el siglo XVIII el debate permanece abierto en relación con los alcances y exigencias de la metodología de la investigación. ¿Cómo se investiga y se reconocen los resultados dentro de las comunidades científicas? ¿Los paradigmas teóricos de las ciencias duras; es decir, las poderosas influencias de las ciencias naturales todavía imponen sus métodos y estructuras mentales para comprender la realidad?

Desde el punto de vista de las ciencias sociales, las humanidades y el mundo del arte ya no existe ni la tiranía, ni la dominación de un solo tipo de metodología de investigación como cuerpo monolítico, o como camisa de fuerza para la generación de saberes y conocimientos. La primacía contemporánea gira en torno a la transdisciplinariedad o las teorías sin disciplina. La transdisciplinariedad significa una plena movilidad de enfoques teóricos y conceptuales sin sesgos ideológicos ni personales, de manera que emerge una clara renuncia a varias representaciones mentales que solían encerrarse en los tradicionales enfoques referidos a “paradigmas teóricos”: positivismo, marxismo, estructuralismo, funcionalismo, racionalismo, cientificismo, etcétera.

Hoy en día hemos llegado al fin de los cánones ideológico-programáticos que trataban de imponer un sólo molde metodológico e interpretativo sobre la identidad del conocimiento científico.

En el siglo XXI se constata un adiós a los paradigmas y a una sola estructura de metodología de investigación. El resultado inmediato es la apertura flexible de las epistemologías que se encuentran en los bordes de varios sabes y conocimientos, formándose múltiples teorías sin disciplina. Los principales críticos de esta nueva perspectiva continúan siendo los científicos racionalistas, quienes afirman que el conocimiento científico debe ser demostrado o falsificado en la realidad, por medio de una sola metodología de investigación que tendría que de ser utilizada por toda comunidad científica.

Negar una metodología de investigación únicamente racionalista significaría la aparición de imposturas intelectuales que construyen sólo un collage improvisado con saberes de mala calidad. La ausencia de una sólida metodología de investigación es el regreso a los prejuicios ideológicos bajo el pretexto de la desobediencia epistémica. De alguna manera, estas críticas son aceptables en la medida en que los conocimientos transdisciplinarios, muchas veces repiten dogmatismos pasados, consolidando también un grupo de concepciones intolerantes con aditamentos superficiales que justifican la falta de renovación.

Es por estas razones que las universidades no deben bajar la guardia en relación con el debate constante sobre las mejores formas de reflexionar en torno a cómo utilizar las más útiles metodologías de investigación. Esto exige ir más allá de la universidad profesionalizante, con la finalidad de superar las rutinas de una institución que está pensada solamente para la enseñanza de formalismos tradicionales. La investigación obliga a transformar las estructuras epistemológicas e institucionales de las universidades en un conjunto de condiciones creativas para construir conocimientos transdisciplinarios, en los cuales se abandone el sectarismo teórico, metodológico, ideológico y burocrático.

La transdisciplinariedad no es una ilusión inmanejable, sino un enfoque pluralista y necesario. Tampoco es la aplicación de fragmentos metodológicos inconexos, sino un proceso para incrementar el conocimiento, integrando y transformando perspectivas gnoseológicas distintas. 

Es, además, una actitud ética que tiene el objetivo de impulsar el pensamiento divergente, de manera que el proceso de enseñanza incorpore aspectos afectivos, emocionales y abiertos a la creatividad.

Por último, la transdisciplinariedad permite la articulación de consorcios interinstitucionales entre universidades, centros de investigación y redes de institutos “globales”, con la perspectiva de abrir horizontes de cooperación sin actitudes dominantes.

Franco Gamboa Rocabado es sociólogo

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