Raíces y antenas

Microeconomía y macro del gasohamburgazo

Por 
domingo, 19 de noviembre de 2017 · 01:00

Una nueva gasolina (Ron91) y a un precio más elevado, 4,40 bolivianos, ha ingresado al mercado, produciendo un debate sobre las reales intenciones de esta medida. Veamos las razones microeconómicas y una sospecha macro. 


 En una economía de mercado y desde una perspectiva microeconómica es completamente legítimo y legal que la empresa estatal YPFB quiera introducir una gasolina de mayor octanaje para un público que desea obtener más rendimiento  y cuidar mejor de su motor. 


 Pero vamos por partes, como recomienda el descuartizador. En teoría, todos los consumidores tienen una reserva de valor diferente sobre los productos que consumen. Por ejemplo, valoran la gasolina de manera diversa y pocos saben qué es el octanaje.  El que vende el bien tiene más información sobre las características técnicas de éste que el que compra. Estamos en un mercado con asimetrías de información Así pueden existir personas que tienen un carro de lujo, que están mejor informadas sobre el desempeño de motores con gasolinas de diferente octanaje y que estarán dispuestas a pagar más por una nafta de mejor calidad. Entre tanto, también habrá gente que sólo quiere trabajar o moverse en su automóvil y no conoce nada de motores, menos aún de la relación octanaje/desempeño; por lo tanto,  estará dispuesta a pagar muy poco por la gasolina que usa. 


 La diferencia entre lo que estoy dispuesto a pagar y el precio que realmente pago se llama excedente del consumidor. De manera agregada, los consumidores siempre buscarán maximizar su excedente pagando lo menos posible por algo que valorizan mucho. Contrariamente, las empresas intentarán capturar la mayor cantidad del excedente del consumidor, cobrando el mayor precio posible a quien más aprecia su producto y está dispuesto a aflojar la billetera. 


 En una situación de mucha competencia, el mercado resuelve este problema. A alguien que no le gusta mucho una hamburguesa y tiene poco dinero podrá comprarse una Macdoña en la esquina; mientras que otro que tiene más morlacos y le gusta esta comida, consumirá una McDonald’s o su equivalente. La mayoría de las personas sabe distinguir entre una rica hamburguesa y otra que parece suela de zapato. Estamos frente a un mercado con información casi perfecta. 


 Caso diferente es un monopolio público como la producción de gasolina, donde el consumidor, para saber de la calidad  del producto, tiene que ser ingeniero químico y tener un pequeño laboratorio portátil para analizar el octanaje de la bencina, toda vez que carga el tanque, que no es el caso más común. 


 En este mercado existe una gran desigualdad de información entre el que vende y el que compra la nafta. En estos mercados complejos, el monopolio puede realizar una discriminación de precios perfecta. Si llega a la gasolinera un playboy, manejando un Ferrari, la empresa le cobraría el precio más alto. Pero si llega un hermano y compañero del proceso de cambio, manejando un viejo Lada soviético, le cobraría el menor precio posible.


 Así,  el monopolio capturaría todo el excedente del consumidor burgués y del revolucionario vendiendo la misma gasolina. Esta estrategia de discriminación de precios es una práctica abusiva e ilegal y para evitar estas acciones, los monopolios son regulados, en precio y calidad, por el Estado. 


 Otra alternativa para el monopolio es separar los mercados diferenciando precios y promoviendo la autoselección. Diferenciar precios es cobrar diferentes valores por diferentes productos. Este es el camino seguido por YPFB. 


 El productor - vendedor de gasolina conoce  la heterogeneidad de las preferencias de los consumidores, pero no consigue identificar a cada tipo de consumidor. También enfrenta asimetrías de información en el mercado de venta. Por lo tanto, establece varios tipos de precios de calidad diferente. Gasolina Especial 85 octanaje, Ron91 y Premium95, y deja al mercado que organice los grupos de consumidores. 


 Así se captura de mejor manera el excedente del consumidor, pero no de manera perfecta. Esto no es ilegal pero puede ser ineficiente si el consumidor no distingue entre estos tipos de productos y sólo compra lo barato. Así que YPFB puede que esté haciendo mucha prestidigitación técnica para pocos resultados. Podría haber relanzado la gasolina Premium y listo. 


 Veamos el lado del consumidor. Me comentan mis amigos que saben de automóviles, que para apreciar la diferencia entre una gasolina de más octanaje u otra de menos debes saber bastante de tuercas. Además, tener un carro sofisticado y caro preferentemente deportivo. Ahora si tienes un cacharro algo veteco y de cilindrada menor a 1.600cc, puede que no sea una buena opción echarle gasolina de más octanaje. Es como darle un whisky puro malta al que está acostumbrado al tirillo.

Puede hasta hacerle mal y fundir bielas. 


 En la actualidad, en el mercado boliviano hay gente sofisticada al volante con carros de lujos, el Ron91 estaría dirigido  a este público. Es el socialismo trabajando para los ricos en el tema de calidad y para la mayoría del pueblo automotor (más del 80% del total del parque automotor, me dicen) gasolina de baja calidad. Ahora bien, para agradar al club de los Hummer, es necesario garantizar la calidad de la gasolina ofrecida. Aquí la Agencia Nacional de Hidrocarburos debería certificar el octanaje de la nueva gasolina. No vaya a  ser que vendan gato por libre.


 Desde el punto de vista macroeconómico, el tema de la nueva gasolina a un precio más elevado tiene que ver con una sospecha. Dado los graves déficits públicos que registra la economía boliviana por cuatro años consecutivos, la hambruna de ingresos, y conociendo que un incremento de precios es un gran recaudador, los malpensados creen que esta es una jugada política antes que una estrategia de diferenciación de precios. Es un gasolinazo a futuro del 17,6%, bajo el supuesto de que desaparezca la gasolina especial después de 2019. O ¿será antes? Se reciben apuestas.
  

Gonzalo Chávez A. es economista.

Permítanos un minuto de su tiempo.

Para desarrollar el periodismo serio e independiente, esencial en democracia, que usted aprecia en Página Siete, contamos con un equipo de reporteros, editores, fotógrafos, administrativos y comerciales de primer nivel.

Los ingresos con que Página Siete opera son producto de nuestro trabajo; no contamos con prebendas de ninguna naturaleza.

Si usted desea apoyar el esfuerzo que realizamos, suscríbase a P7 VIP, para recibir de lunes a viernes una carta informativa por correo electrónico, que contendrá un resumen de las noticias y opiniones más interesantes de Página Siete, a un costo de sólo Bs 15 al mes.

Para suscribirse haga clic aquí o llame al número 2611749, en horas de oficina.

490
24

Otras Noticias