Raíces y antenas

¡Pata hediondas del mundo, uníos!

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domingo, 02 de diciembre de 2018 · 00:08

Se inició el proceso electoral con unas elecciones primarias que entrarán en los récords de la historia de la estupidez y el derroche de dinero. En ocho de los nueve frentes políticos, los militantes  registrados “elegirán” una sola opción. Los dueños del poder se mofan de la población y les dicen: “Miren qué democráticos somos: ustedes pueden elegir libremente entre un único sabroso helado de vainilla”.  Esta es una pantomima montada para buscar legitimar a los ilegales candidatos del oficialismo, a quienes el soberano les dijo que no podían ser reelegidos.

Pasado este show de republiqueta bananera, desde una perspectiva más estructural, y recuperando el sentido correcto de lo que significa elegir, en las elecciones de 2019,  los votantes estarán frente a un mercado de la política que tiene las característica de un océano rojo.   

 Según W. Chan Kim y Renée Mauborgne, dos gurús de las estrategias empresariales, un mercado rojo es aquel donde la competencia es feroz por un mismo grupo de personas. Es una pelea dura y sangrienta entre empresas que sólo atinan a cortar costos para mantener una participación del mercado. Al final esta estrategia tiñe el mar de la competencia de rojo sangre, de las empresas que mueren en el camino.

En la actualidad, el mercado de la política es un océano rojo, está sobresaturado por una propuesta oficialista que no ha cambiado en 11 años de gobierno. Esta propuesta sólo hace eco en el voto duro del MAS.  Entre tanto, las ideas de la oposición son muy fragmentadas, reactivas a lo que dice y hace el Gobierno. Se focalizan en la denuncia de los atropellos de diferente índole antes que en las propuestas alternativas. Esta es la otra parte del mercado de oceáno rojo, que aglutina a griegos y troyanos, que rechazan el gobierno de Morales. Es el voto duro de la oposición.

Sin embargo, un porcentaje importante de los futuros votantes, que en su mayoría son jóvenes, simplemente no se adscriben a ninguno de estos polos. Están fuera del mercado clásico de las propuestas. En alguna encuesta nacional, el voto Ninguno llegaba casi al 30%, porcentaje superior a los candidatos tradicionales en carrera para la presidencia.

 Desde el punto de vista de una estrategia empresarial,  éstos serían los “no clientes” que no conocen, menos consumen el producto o servicio ofrecido en el mercado. En términos de los mercados políticos estaríamos hablando de los “no votantes”. Por lo tanto, un desafío central de la oposición es construir una estrategia creativa de océano azul para esta enorme cantidad de gente.

En el ámbito empresarial una compañía navega en un océano azul cuando ha sido capaz de elaborar una propuesta diferenciadora que le permite ser la única en el mercado, disfrutando de prestigio y buenos retornos.

Veamos un ejemplo de estrategia de océano azul. Uno de los mercados más competitivos del mundo es la industria de los zapatos.  Existen miles de proveedores. Típicamente es un mercado de oceáno rojo. Entre tanto, una empresa descubrió un grupo de clientes desatendidos, aquellas personas a los que les sudan demasiado los pies.

Técnicamente, los llamaremos pata hediondas. Para ellos el zapato normal era una pesadilla que no se atenuaba con los talcos para el sudor. Entonces surgió un emprendedor que sintió los dolores y olores de estos clientes y diseñó un zapato que respiraba, con una planta con pequeños agujeros que dejaban el aire al caminar. Esta empresa se llama Geox, y fue un éxito brutal.

 Conquistó un mercado de millones de personas desatendidas, bajo la consigna: ¡pata hediondas del mundo, uníos! Ahora sus pies son libres para respirar.  Quiere decir que una estrategia de océano azul no toma las condiciones de la industria como dadas; contrariamente, cambia éstas a su favor. Asimismo, una buena estrategia no busca derrotar a la competencia, sino hace que la competencia sea irrelevante.  

 Además, el camino de océano azul se focaliza en crear y capturar una nueva demanda, y no pelear por los consumidores existentes. Es decir, está preocupada con los “no clientes”, a quienes les ofrece un producto creativo y diferente: zapatos que respiran.  Ahora bien, ¿es posible crear océanos azules en el ámbito de las propuestas políticas? Le propongo que justamente aplique esta metodología al leer este artículo y abra su mente, piense diferente.

La estrategia debe enfocarse en los dolores de los ciudadanos que se deben atender (seguridad ciudadana, empleo de calidad, respeto a la naturaleza, acceso a la tecnología y muchos otros) y las alegrías (más democracia y libertad) que hay que reforzar. El objetivo es hacer irrelevante la competencia política, concentrándose en una nueva propuesta de valor. Así superar el mercado del voto duro de oposición y oficialismo.  Buscar a los “no votantes”, a los ciudadanos que tienen otros sueños, que piensan que otra Bolivia es posible; es decir,  crear y capturar nuevos votantes y no pelear por los mismos.

 Finalmente, se debe diferenciar radicalmente la propuesta. Ésta debe ser creativa en extremo, conectarse estructuralmente con la gente y  ser difundida a un costo muy bajo. Para eso están las redes sociales.  Aquí me enfoco en la metodología de la estrategia de océano azul, el desarrollo de los contenidos ideológicos, programáticos  y las propuesta concretas son tareas colectivas pendientes que deben desarrollarse.

¿Le parece descabellada la idea de usar técnicas del mundo del emprendimiento y la empresa para pensar la política?  Pues le comento que siguiendo este camino, jóvenes políticos, como Justin Trudeau en el Canadá y Emmanuel Macron en Francia, tuvieron mucho éxito. Así que no cuesta nada pensar diferente y buscar una estrategia política de océano azul para Bolivia.

Gonzalo Chávez A.  es economista.

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