Políticas de Estado: mar, educación, salud…

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domingo, 25 de marzo de 2018 · 00:49

La reivindicación marítima está en el corazón de los bolivianos (as). De sólo mencionarse el tema genera un sentido de unidad nacional único. Colores políticos, discrepancias ideológicas, brechas étnicas y diferencias sociales desaparecen, generando una energía social potente y movilizadora de apoyo a quien enarbola la bandera de la recuperación del acceso soberano a los puertos del Pacífico. Se trata, sin duda alguna, de una política de Estado.

La política de Estado se caracteriza porque sus objetivos están más allá del ciclo político de una administración, cinco años en el caso de Bolivia. Sus metas tienen una vigencia de largo plazo que se enraíza en la práctica institucional cotidiana, en la memoria colectiva de la población y renace, con cada nueva generación, en el imaginario político y en el horizonte de esperanza.

La visión de una política de Estado es clara, los objetivos están muy bien delimitados y genera tanta cohesión como compromiso social. Una política de Estado es un compromiso movilizador y motivante, define el alma de una nación. Es un estandarte de unidad y futuro que se sustenta en un pacto social intergeneracional, explícito o implícito, sus resultados son, muchas veces, de larga maduración y no son visibles o rimbombantes, pero transforman la estructura de un país. Una nación fuerte y desarrollada tiene varias políticas de Estado que se complementan con políticas de gobierno que duran ciclos electorales cortos.

Una política pública de gobierno, generalmente, es muy específica. Un programa de vacunación puede durar algunos años, pero el cuidado integral de la salud es un objetivo permanente del Estado. Un gobierno en un determinado periodo puede impulsar una política fiscal expansiva, pero la estabilidad económica es un patrimonio de la sociedad y el Estado. Muchas políticas de Estado se plasman en la Constitución de un país, pero muy pocas hacen carne en la sociedad y crean rumbo estratégico.  En el marco de las políticas de Estado, los líderes pasan pero las ideas-fuerza, cobijadas por instituciones, se quedan. 

Hace mucho tiempo se debate en nuestro país que para dar saltos cualitativos en el desarrollo económico, social y medioambiental y para impulsar una democracia de mayor calidad, se requieren políticas de Estado, como: mar para Bolivia.  Ciertamente, cada ciudadano tendrá una lista legítima de estas políticas estatales, pero yo me atrevería a desafiar proponiendo tres grandes candidatas.

Aquí no vamos a entrar al detalle del cómo, cuándo y cuánto de la política. Se trata de posesionar nuevas ilusiones colectivas, nuevos códigos de futuro.

Antigua, reiterativa e inclusive obvia, debería estar la política estatal sobre educación. En toda nuestra vida republicana y plurinacional: ¿cuántas veces los líderes políticos y de otros sectores o regiones se han reunido para al unísono  apoyar una mejor educación para nuestros hijas e hijos? ¿Cuántos kilómetros de banderas se cocieron u otro acto simbólico se llevó adelante por impulsar un mejor aprendizaje? ¿Alguien ha denunciado al mundo que tener una educación de mala calidad disminuye varios puntos porcentuales del producto interno brutos?  Pues nunca se reunieron y jamás se hizo nada para priorizar, en la agenda de las políticas públicas, la educación.

En este campo prevalece la vieja política del corto plazo, de la defensa corporativa de interés de los maestros, el cálculo político del poder, el cuidado del negocio privado  y la negligencia del gobierno.  Mar para Bolivia, educación para Bolivia, debería ser la otra consigna nacional.

¿Hay algo más sagrado que la vida y salud de una persona? ¿Por qué centenas de bolivianas (os) mueren por falta de atención médica?  ¿Por qué los servicios de salud son tan malos? ¿Por qué ancianos y niños deben madrugar para ser atendidos por un médico? ¿Cuántos himnos emocionados se compusieron por el tema de la salud? ¿Dónde están las rimas pegajosas de la música de acceso universal a la salud? Nada. Silencio. Las prioridades son otras.

Los líderes y actores en el tema están enfrentados. Tampoco, la bandera de la mejor salud no está empuñada por la sociedad. En este caso el enemigo está en nosotros, basta mirar al espejo para ver quién es el usurpador del futuro. Mar para Bolivia, salud para Bolivia, debería ser también otra política de Estado.

Altos índices de feminicidio, secuestros, elevada inseguridad en las calles y plazas de nuestras ciudades, el sistema de justicia en pedazos, ejecuciones en las cárceles. Este es el cotidiano de la seguridad y la justicia en Bolivia. ¿Conoce el libro blanco de la justicia? ¿Existe el día de la no violencia o solidaridad? ¿Recogemos las cenizas de centenas de héroes anónimos que murieron por violencia social o política para llevarlas a la plaza Luis Espinal?    ¿Organizamos desfiles por recuperar la justicia en Bolivia? No. Nada. El sistema judicial está al servicio de los intereses del Gobierno, defiende un derecho humano inexistente de una persona antes que los votos de 2,6 millones de personas. Mar para Bolivia, justicia para Bolivia.

En suma, la única política boliviana de Estado  está plasmada en el himno Recuperemos nuestro mar, que a la letra dice: “Aun a costa de la vida, recuperemos el mar cautivo”. Dado el éxito de esta política de Estado para movilizar líderes, sentimientos y sociedad, habría que promover escribir las siguientes estrofas de la marcha: “Aun a costa de la vida, recuperemos la educación abandonada, la salud perdida, la justicia secuestrada… recuperar… recuperar”.

Gonzalo Chávez A. es economista.

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