Raíces y antenas

La economía, el nuevo opio del pueblo

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domingo, 22 de julio de 2018 · 00:12

Carlos Marx sostenía que la religión es el opio del pueblo; es decir, distrae y enajena la conciencia de la gente sobre las injusticias económicas y la pobreza del mundo capitalista. En el caso boliviano, el modelo económico, social, comunitario, productivo y sus resultados están en un proceso de religiosización promovida desde el Estado. Contextualizando, la nueva economía va camino a convertirse en la droga contemporánea del pueblo. Los que antes criticaban, con razón, la fe ciega de los neoliberales en las virtudes mágicas del mercado,  ahora elaboran doctrina y levantan templos para convertir el nacional desarrollismo en la nueva religión estatal, el Evoeconomics. El símbolo supremo del Evoeconomics:  el monumento a la modernidad chuta y al cemento, que la gente ha denominado como el Palacio de Evo.          

 El Evoeconomics busca  ofrecer una doctrina integral económica, pero, sobre todo, preceptos morales para dividir a la sociedad. Los buenos revolucionarios vs. los malos neoliberales. El cambio vs. el statu quo. La verdad vs. la mentira. Además, ha creado una arquitectura ideológica que promete a los fieles la salvación eterna a través de los humos del consumismo. 

 ¿Pero cuál es la propuesta de la religión nacional desarrollista? Es un modelo de desarrollo basado en la inversión pública y la industrialización de los recursos naturales, en ambos casos mirando por el retrovisor. Propone subir la escalera del desarrollo, generando valor a las materias primas. El mineral se convierte en un lingote; después se producen clavos, posteriormente se hacen calaminas y, en algún momento del horizonte del proceso de cambio, se llega al automóvil nacional. En el mismo camino, el gas se vuelve polietileno. En suma, es hacer la revolución industrial inglesa con 200 años de atraso. 

 Además, para este anacronismo intelectual,  desarrollo son grandes obras, monumentos al cemento, es sóviets más electrificación, caminos sin destino de desarrollo, represas que matan el medioambiente, teleféricos que cuestan decenas de hospitales, satélites ciegos, museos al ego, pretenciosos y fálicos edificios. Esa es la agenda 2025: “un museo de grandes novedades”.

En la cúspide del altar de la nueva religión está el gran fetiche: el PIB, frente al cual todos los devotos de la Virgen del puño izquierdo en alto, los fieles sacerdotes del horizonte de los santos de los últimos días del capitalismo  y otros exegetas de la revolución  deliran ante las subidas y bajadas de la cifra encantada. La PIBiofilia extractivista insiste que desarrollo económico es sólo el crecimiento de esta variable. 

 Como toda religión, el Evoeconomics  tiene sus teólogos, sacerdotes, místicos, magos y fanáticos que veneran la nacionalización como el origen de todas las bendiciones  económicas y promueven la inversión pública como el milagro que explica la explosión de la demanda interna  y la burbuja de consumo. Además, profetas y convertidos  defienden, a fierro y fuego, la nueva ortodoxia populista frente a la herejía de las críticas. 

La nueva religión se proclama como una “autoverdad”. Según Eliane Brum, este es concepto que sobrevaloriza la verdad personal y autoproclamada. Una verdad de un individuo que se convierte en verdad general. En sencillo y aterrizando en la economía, es elogiarse el ombligo con algunos resultados financieros positivos, pero proclamando la verdad incuestionable de todo el modelo económico. Como dice José L. Rodríguez: “La autoverdad no es certeza subjetiva, sino credulidad obsesiva”.

Ahora bien, el valor de la “autoverdad” está menos en los hechos y mucho más en el acto de decir. Tu pupu puede ser espantoso pero lo presentas como el hoyo más lindo del planeta. Veamos un ejemplo: los hechos dicen que el crecimiento económico se desacelera y sus costos son altos: déficits fiscales y pérdida de reservas internacionales, pero desde el árbol de la “autoverdad” se sigue diciendo que la economía boliviana será la mejor de América Latina.   

El zenit de este proceso se produce cuando la “autoverdad” se funde con el caudillo. La religión se hace carne y verbo: Evoeconomics. La “autoverdad” determina también todo lo que es mentira. Las críticas, las ideas alternativas, las perspectivas diferentes en temas económicos y sociales son las “inverdades”, que es una forma elegante de decir embustes, falsedades, farsas, mentiras  o invenciones organizadas por carteles internos y los conspiradores externos. 

En el planeta de la “autoverdad” reina el narcisismo macroeconómico. En la jarana del extractivismo rentista se expulsa a los ciudadanos. Sólo tienen cabida los adictos y alcohólicos del poder, los fanáticos de la nueva religión. En el jolgorio populista, cuestionar la sostenibilidad del crecimiento del producto; alertar sobre los peligros de un déficit público que persiste por cinco años consecutivos; advertir sobre el daño que provoca a las exportaciones no tradicionales la apreciación del tipo de cambio real; reclamar la falta de políticas de salud y educación, entre otras preocupaciones es una  blasfemia y un sacrilegio. En el presterío del nacional desarrollista, la economía es el opio del pueblo. Los elegidos deliran frente al espejo.
 

Gonzalo Chávez A. es economista. 

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