Raíces y Antenas

El arte revolucionario de mirarse el kururu

domingo, 27 de enero de 2019 · 00:13

Comencemos por las buenas noticias. La gran novedad del discurso informe del Presidente de este año estuvo en la brevedad: 51 minutos.  Fue todo un récord. Los oídos del pueblo agradecen, los  partidarios del régimen también, porque tuvieron mucho más tiempo para el festejo regado con muchas chelas. 

El día 22 de enero, una vez más, el presidente Evo Morales apeló al informe dieta. Antes, un modelo económico flacucho y neoliberal que destrozó el país, y dejó datos horrorosos y enanos; después de la dieta del proceso de cambio, surgió un atlético y fornido  neorrevolucionario que produjo estadísticas espectaculares, siendo la estrella el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). 

El Gobierno, como de costumbre, moldeó y, en algunos casos, torturó las estadísticas nacionales sin medida ni clemencia a su favor. Se contempló, enamorado de sí mismo, en el espejo de la macroeconomía. Se miró el kururu con inmenso amor. Pero no dijo nada, por ejemplo, sobre el déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos que se arrastra hace cuatro años, equivalente a un promedio de 5,3% del PIB, muy por encima de la tasa referencial de 3% que tienen la mayor parte de los países.

 Tampoco se mencionó nada sobre los cinco años consecutivos de déficit público superior al 7% del producto. Silencio sepulcral sobre la pérdida de más de 6.000 millones de dólares de las reservas internacionales para sustentar el consumo local. Callaron en siete idiomas sobre el aumento de la deuda externa e interna, que ya sobrepasó el 53% del PIB, y de la bajísima productividad de la economía. Chitón sobre el hecho que desde  2015 el crecimiento se desaceleró y tiene sustentos financieros muy débiles.  

Como en otras oportunidades, el Gobierno hizo un uso abusivo de las comparaciones y promedios estadísticos. El pasado neoliberal tiene diferentes medidas y alcances;  en algunos casos comienza en la fundación de la República, en los años 70 y,  en otros, después de 1985. Hay un uso curioso -por decir lo menos- de las medias aritméticas para endiosar los resultados de 13 años de gobierno. A veces se toman como referencia comparativa 180 años y en otros, 20 años.  Ciertamente estos malabarismos comparativos hacen parte de la nueva matemática del proceso de cambio, donde 90 x 3 = 180. 

Entre los resultados sociales se mencionó  la reducción de la pobreza, que habría bajado de 61%, en 2005, a 36% en 2017, un logro destacable si utilizamos la variable mejora de ingresos  como referente de pobreza. Entre tanto, considerando el índice de desarrollo humano, que incluye acceso a la salud, educación y otros indicadores, estamos en el puesto 118, cuando Chile ocupa el puesto 38 de 188 países. En suma, se tienen un poco más de plata pero con sistemas de salud pésimos. 

También hay que mencionar que una mirada menos politizada nos indicaría que mucha de la nueva clase media  baja o intermedia está en un sector informal, que es muy vulnerable a los ciclos económicos.  

Las malas lenguas dicen que las estadísticas son como los bikinis y las mallas, siempre ocultan lo esencial; en el caso del Gobierno, sus informaciones estadísticas y la manera cómo las presenta más bien son como los burkinis, que ocultan casi todo con un manto sobreideologizado y propagandístico. 

Cabe también resaltar que el discurso informe estuvo concentrado en los resultados económicos. No se hizo mención a los déficits de democracia e instituciones, temas en los que se ha retrocedido mucho en 13 años. 

El mensaje de fondo del informe presidencial es que estamos frente al fin de la historia, versión andina socialista. El modelo aplicado por el Gobierno es el plus ultra de la teoría económica y social. No hay nada más que aprender o cambiar. Descubrimos la cuadratura del cuadrado. Y, por supuesto, hay un único líder, Evo, que puede continuar con los diferentes récords en el Producto Interno Bruto hasta 2025 y el más allá. 

La referencia de este tipo de informes siempre es la superación de un pasado neoliberal y atroz. Es decir, siempre miran atrás y su referente más importante también es otra idea del pasado: el nacional desarrollismo, que da vueltas en círculos sobre la exportación de los recursos naturales y sus rentas. 

En suma: el gobierno propone congelar los sueños de futuro económico. Convirtió el modelo económico a una categoría de religión y sus resultados en verdades morales. Sólo existe el camino oficial, el resto de ideas alternativas provienen del pantano de las mentiras. 

Ahora bien, si nuestro referente de comparación fuera  reinventar la esperanza, explorar nuevos horizontes de desarrollo y brindar a la gente un crecimiento económico que le llegue al cuidado de la familia, que ofrezca mejores ingresos, pero a base de emprendimientos productivos y empleos de calidad; que haga  de los servicios de salud  y educación los principales aliados para que las personas tengan una vida productiva, y sana; que posibilite una convivencia armoniosa con la naturaleza para cuidar de la casa común entre mujeres y hombres que vivan en igualdad de oportunidades, derechos e ingresos, pues el informe sería muy pobre porque estaríamos muy lejos de estos sueños. 

Ya decía Miguel Ángel: el problema no es ponerse una meta muy alta y no alcanzarla; el problema es colocarse metas bajas y acertar, y pensar que se lo está haciendo espectacularmente mirándose el ombligo o kururu.

 Gonzalo Chávez A. es economista.

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