Gonzalo Chávez A.

¡Aguas! ¡Aguas! con la economía

domingo, 24 de noviembre de 2019 · 00:12

¿Qué pasó mis carnalitos bolivianos? ¿Cómo les dejaron la economía los cuates que se rajaron?  ¿El desmadre político afectará a la economía? Pues la neta guey,  nos tronaron. El costo podría estar entre 2% y 3% del producto interno bruto (PIB), entre 800 y 1.200 millones de verdes. 

Pero, no machen gueyes, cabe aclarar que la crisis política se da en un aparato productivo que ya sufría una degradación estructural y registraba serios problemas macroeconómicos desde el año 2013. No se vale cuates, el cuento que hasta el 20 de octubre la economía boliviana estaba una maravilla y que el golpe de Estado la afectó es una ficción política. ¡¿Pues qué pasó mis carnales?! 

No vengan a navegar con bandera de pendejo, (en Bolivia diríamos ¿a papá mono con banana de plástico? ¡No pues papito churro!) La verdad de los hechos -la neta,  y no épica de la ideológica-  es que los problemas económicos surgieron mucho antes de la salida de Morales, aunque se agravaron con la crisis política. En términos más estructurales, estamos frente al agotamiento del modelo primario exportador y rentista, y en el corto plazo  enfrentamos un shock externo negativo  y el consecuente deterioro de las principales variables macroeconómicas desde hace más de cinco años. 

Órale bros, desde 2013  se observa una desaceleración de la tasa de crecimiento del PIB. En efecto, hace seis años el crecimiento del producto fue de 6,8%. En  2014 el dato llegó a 5,46%. En  2015 se alcanzó al 4,8%. Entre 2016 y 2018 el incremento del PIB estuvo en torno del 4% al año. Y en este año que termina, con suerte y con las bendiciones de la Virgencita de Guadalupe  llegaremos al 2,5%. Me lleva el chanfle, la economía está en picada desde hace rato.

Con un crecimiento menor por supuesto hay menos chambas,  tanto en el sector formal como informal. También ya desde hace por lo menos tres años se observa el deterioro de indicadores sociales. La inflación es una variable que tendía a la baja, pero híjole mano, con el desmadre,  los precios se tomaron un tequilita y están pedos/descontrolados, existe escasez  y especulación en los mercados.  

Para atenuar el deterioro externo, el gobierno apeló a una clásica sustentación de la demanda agregada, incrementando el gasto y la inversión pública, lo que parcialmente atenuó la caída del producto; sin embargo, esto se lo hizo a costa de una pérdida significativa de reservas internacionales (reducción de 8.000 millones de dólares en seis años) que fue a financiar el déficit público. 

El hueco fiscal también se lo financió con un incremento de la deuda externa e interna, ambas representan más del 50% del PIB.  Es decir, Nel pastel. Ya se juntó el lavado con el planchado. Este año registramos el sexto año de déficit público elevado consecutivo, que podría estar cercano al nueve o 10% del PIB.  Por lo tanto, la grave crisis política lo que hizo es acelerar este proceso de deterioro estructural y coyuntural de la economía boliviana. 

Los que se fueron a la tierra de la Zapata nos dejaron con el Jesús en la boca y ahora la corona nos espina el garguero.  

Híjole mano, nos cayó el chahuistle. A futuro, la manera de abordar los problemas de la economía boliviana viene de la sabiduría del cachascán, el cuadrilátero de los rudos. El Santo,  en su mítica pelea a cuatro caídas contra las momias zombines/azules/nazis dijo: Jamás cuento mis abdominales, sino que los uso en cada combate.

En el cortísimo plazo,  la economía es psicología concentrada. La crisis política nos hizo sentir ñañaras en el occipucio y las falangetas. Así que,  fuera manos, trabaja vista y mente. Los temas más importantes a trabajar son las expectativas de los agentes económicos, personas y empresas. Lo más importante son: la credibilidad y  la reputación de la política económica, y tanto la sindéresis como la serenidad de las autoridades del sector.  Así que  a peinarse el disgusto y que se nos pase lo de naco populista.  

La economía boliviana debe entrar en una terapia intermedia, se debe estabilizar al paciente.  En el sector externo se debe impulsar políticas públicas que agilicen nuestras exportaciones, levantando prohibiciones, por ejemplo, y ser más cuidadosos con las importaciones.

En materia fiscal, se debe parar con la sangría brutal de propaganda y otros gastos superfluos.  Asimismo, se debería mantener un aparato gubernamental mínimo.  También hay que ser flexible con impuestos y créditos de los sectores más afectados. Todo esto con un carácter de emergencia y coyuntural. 

Si contenemos el desangrado fiscal también rebajaremos la presión sobre las reservas internacionales y el tipo de cambio. El precio de los carburantes no hay que tocar y se debe cumplir con el  pago a proveedores, salarios, aguinaldos  y los bonos. El presupuesto para el 2020 debe ser muy básico y dejar las reformas estructurales para el próximo gobierno.

No hay tiempo para reformas estructurales profundas. Por lo tanto, a los que proponen privatizaciones y otras reformas de largo plazo de le debe decir: ¡no te calientes manteca, que este bistec no es para ti!

En suma,  como dirían los mexicanos: ¡Aguas!, ¡aguas!:  mucho cuidado con la economía. En el cortísimo plazo  la mayoría de las soluciones económicas están en la política y en la psicología. Así que nada de achicopalarse. Bueno, a los que parten, por favor me lo saludan al Cacas y al verdadero Kaliman. 

Gonzalo Chávez A.  es economista.

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